Babilonia y la biblia
Nombre que más tarde se dio a Babel. Esta famosa ciudad estaba situada a orillas del río Éufrates, en la llanura de Sinar, a unos 870 Km. al E. de Jerusalén y a unos 80 Km. al S. de Bagdad. Sus ruinas ocupan una gran superficie de forma triangular, tachonada de varios montículos. Tell Babil (Mujelibe), ubicado en la parte N. del triángulo, a unos 10 Km. al NE. de Hilla (Irak), conserva el antiguo nombre de la ciudad
La Torre de Babel. Según la Biblia,
la Torre de Babel fue una enorme obra de construcción. (Gén. 11:1-9.) Es interesante el hecho de que los arqueólogos han desenterrado en las ruinas de la antigua Babilonia y alrededor de ellas los lugares donde estaban varios zigurat o torres-templos escalonados parecidos a pirámides, entre ellos el templo de Etemenanki en ruinas, en la zona protegida por los muros de Babilonia. Registros antiguos acerca de estos templos suelen contener las palabras: “Su cima llegará a los cielos”. Cierto informe dice que el rey Nabucodonosor dijo: “Elevé la cúspide de la Torre escalonada de Etemenanki de modo que su cúspide rivalizara con los cielos”. Un fragmento relata así el derrumbe de un zigurat como ese: “La construcción de este templo ofendió a los dioses. En una noche derribaron lo que se había construido. Los esparcieron, e hicieron extraña su habla. Impidieron el progreso”
Bible and Spade, 1938, S. L. Caiger, página 29Babilonia se extendía a ambos lados del río Éufrates y estaba rodeada por un doble sistema de muros que la hacían parecer inexpugnable.
La muralla interior, construida con ladrillos de adobe, consistía en dos muros. El interno tenía 6,5 m. de espesor, mientras que el externo, levantado a unos 7 m. del primero, tenía unos 3,5 m. de espesor. Estos muros estaban apuntalados por torres de defensa que los reforzaban estructuralmente. A unos 20 m. del muro externo había un muelle hecho de ladrillos cocidos unidos con betún, rodeado por un foso que conectaba con el Éufrates al N. y al S. de la ciudad. Este foso suministraba agua a la población, así como protección contra los ejércitos enemigos. Según los documentos de Babilonia, ocho puertas daban acceso al interior de la ciudad, pero hasta la fecha se han descubierto y excavado cuatro.
Nabucodonosor II (quien destruyó el templo de Salomón) añadió la muralla exterior, que estaba situada al E. del Éufrates y encerraba una gran superficie al N., E. y S. de la ciudad, donde la gente que vivía en sus aledaños podía refugiarse en caso de guerra. Esta muralla externa también consistía en dos muros. El interior, hecho de adobe, tenía unos 7 m. de espesor y estaba reforzado por torres de defensa. Más allá, a unos 12 m. de distancia, se encontraba el muro externo de ladrillos cocidos, que a su vez era doble. Sus dos muros, uno de casi 8 m. de espesor y el otro contiguo de unos 3,5 m., estaban interconectados por algunas de las torres.
Nabonido unió los extremos de la muralla exterior construyendo un muro a lo largo de la orilla oriental del río. Este muro, de unos 8,5 m. de ancho, también tenía torres, así como un muelle de una anchura de 3,5 m.
Heródoto, historiador griego del siglo V a. E.C., dice que dos muelles continuos, separados de la ciudad propiamente dicha por muros que tenían 25 puertas, flanqueaban el río Éufrates. Según este historiador, los muros de la ciudad medían unos 90 m. de alto, 26,5 m. de espesor y unos 95 Km. de longitud. Sin embargo, parece que estos datos de Heródoto son exagerados. La prueba arqueológica muestra que el tamaño de Babilonia era mucho menor y que su muralla exterior era mucho más corta y baja. No se ha hallado ningún resto que confirme la existencia de un muelle a lo largo de la orilla occidental del río.
De las puertas de los imponentes muros salían las calles que entretejían la ciudad. La gran vía procesional, el bulevar principal, estaba pavimentada, y los muros que la flanqueaban se hallaban decorados con leones, dragones y toros, emblemas de los dioses a los que se honraba. (GRABADO, vol. 2, pág. 323.) Nabucodonosor II reparó y amplió el antiguo palacio y edificó un palacio de verano a unos 2 Km. al N. También construyó unos soberbios jardines, dispuestos en terrazas elevadas sobre una estructura abovedada, conocidos como los Jardines Colgantes de Babilonia y considerados una de “las maravillas del mundo antiguo”.
Esta gran metrópolis, sentada a horcajadas sobre el río Éufrates, era un centro comercial e industrial del mundo antiguo. Más que un importante centro manufacturero, era una estación comercial para los pueblos de Oriente y Occidente, tanto por tierra como por mar. Debido a esto, su flota navegaba por todo el golfo Pérsico y otros mares más lejanos.
Hoy no queda nada de Babilonia, excepto montículos y ruinas, un verdadero yermo desolado. (GRABADO, vol. 2, pág. 324.) El libro Archaeology and Old Testament Study dice: “Estas vastas ruinas, de las que solo se ha excavado una pequeña parte, pese al trabajo de Koldewey, han sido saqueadas extensamente durante los pasados siglos con el fin de conseguir materiales de construcción. En parte como consecuencia de lo antedicho, la apariencia de casi toda la superficie es ahora de un desorden tan caótico que evoca con fuerza la profecía de Isa. XIII. 19-22 y Jer. I. 39 y ss., y la impresión de desolación se ve acusada por la aridez que caracteriza el paraje donde se hallan las ruinas” (edición de D. W. Thomas, Oxford, 1967, pág. 41).
La Torre de Babel. Según la Biblia,
la Torre de Babel fue una enorme obra de construcción. (Gén. 11:1-9.) Es interesante el hecho de que los arqueólogos han desenterrado en las ruinas de la antigua Babilonia y alrededor de ellas los lugares donde estaban varios zigurat o torres-templos escalonados parecidos a pirámides, entre ellos el templo de Etemenanki en ruinas, en la zona protegida por los muros de Babilonia. Registros antiguos acerca de estos templos suelen contener las palabras: “Su cima llegará a los cielos”. Cierto informe dice que el rey Nabucodonosor dijo: “Elevé la cúspide de la Torre escalonada de Etemenanki de modo que su cúspide rivalizara con los cielos”. Un fragmento relata así el derrumbe de un zigurat como ese: “La construcción de este templo ofendió a los dioses. En una noche derribaron lo que se había construido. Los esparcieron, e hicieron extraña su habla. Impidieron el progreso”Bible and Spade, 1938, S. L. Caiger, página 29Babilonia se extendía a ambos lados del río Éufrates y estaba rodeada por un doble sistema de muros que la hacían parecer inexpugnable.
La muralla interior, construida con ladrillos de adobe, consistía en dos muros. El interno tenía 6,5 m. de espesor, mientras que el externo, levantado a unos 7 m. del primero, tenía unos 3,5 m. de espesor. Estos muros estaban apuntalados por torres de defensa que los reforzaban estructuralmente. A unos 20 m. del muro externo había un muelle hecho de ladrillos cocidos unidos con betún, rodeado por un foso que conectaba con el Éufrates al N. y al S. de la ciudad. Este foso suministraba agua a la población, así como protección contra los ejércitos enemigos. Según los documentos de Babilonia, ocho puertas daban acceso al interior de la ciudad, pero hasta la fecha se han descubierto y excavado cuatro.
Nabucodonosor II (quien destruyó el templo de Salomón) añadió la muralla exterior, que estaba situada al E. del Éufrates y encerraba una gran superficie al N., E. y S. de la ciudad, donde la gente que vivía en sus aledaños podía refugiarse en caso de guerra. Esta muralla externa también consistía en dos muros. El interior, hecho de adobe, tenía unos 7 m. de espesor y estaba reforzado por torres de defensa. Más allá, a unos 12 m. de distancia, se encontraba el muro externo de ladrillos cocidos, que a su vez era doble. Sus dos muros, uno de casi 8 m. de espesor y el otro contiguo de unos 3,5 m., estaban interconectados por algunas de las torres.
Nabonido unió los extremos de la muralla exterior construyendo un muro a lo largo de la orilla oriental del río. Este muro, de unos 8,5 m. de ancho, también tenía torres, así como un muelle de una anchura de 3,5 m.
Heródoto, historiador griego del siglo V a. E.C., dice que dos muelles continuos, separados de la ciudad propiamente dicha por muros que tenían 25 puertas, flanqueaban el río Éufrates. Según este historiador, los muros de la ciudad medían unos 90 m. de alto, 26,5 m. de espesor y unos 95 Km. de longitud. Sin embargo, parece que estos datos de Heródoto son exagerados. La prueba arqueológica muestra que el tamaño de Babilonia era mucho menor y que su muralla exterior era mucho más corta y baja. No se ha hallado ningún resto que confirme la existencia de un muelle a lo largo de la orilla occidental del río.
De las puertas de los imponentes muros salían las calles que entretejían la ciudad. La gran vía procesional, el bulevar principal, estaba pavimentada, y los muros que la flanqueaban se hallaban decorados con leones, dragones y toros, emblemas de los dioses a los que se honraba. (GRABADO, vol. 2, pág. 323.) Nabucodonosor II reparó y amplió el antiguo palacio y edificó un palacio de verano a unos 2 Km. al N. También construyó unos soberbios jardines, dispuestos en terrazas elevadas sobre una estructura abovedada, conocidos como los Jardines Colgantes de Babilonia y considerados una de “las maravillas del mundo antiguo”.
Esta gran metrópolis, sentada a horcajadas sobre el río Éufrates, era un centro comercial e industrial del mundo antiguo. Más que un importante centro manufacturero, era una estación comercial para los pueblos de Oriente y Occidente, tanto por tierra como por mar. Debido a esto, su flota navegaba por todo el golfo Pérsico y otros mares más lejanos.

Hoy no queda nada de Babilonia, excepto montículos y ruinas, un verdadero yermo desolado. (GRABADO, vol. 2, pág. 324.) El libro Archaeology and Old Testament Study dice: “Estas vastas ruinas, de las que solo se ha excavado una pequeña parte, pese al trabajo de Koldewey, han sido saqueadas extensamente durante los pasados siglos con el fin de conseguir materiales de construcción. En parte como consecuencia de lo antedicho, la apariencia de casi toda la superficie es ahora de un desorden tan caótico que evoca con fuerza la profecía de Isa. XIII. 19-22 y Jer. I. 39 y ss., y la impresión de desolación se ve acusada por la aridez que caracteriza el paraje donde se hallan las ruinas” (edición de D. W. Thomas, Oxford, 1967, pág. 41).
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