El Salmo 103

Compuso este salmo el rey David del antiguo Israel, y lo abre con estas palabras: “Bendice a Jehová, oh alma mía; aun cuanto hay en mí, su santo nombre” (Salmo 103:1). Una obra de consulta dice: “Aplicada a Dios, la palabra bendice significa alabar, y siempre implica un intenso cariño a él, así como un sentimiento de gratitud”. Deseoso de alabar a Jehová con un corazón rebosante de amor y agradecimiento, David exhorta a su propia alma, a sí mismo, a ‘bendecir a Jehová’. Ahora bien, ¿cuál es la causa de que se genere en el corazón de David este afectuoso sentimiento hacia el Dios al que adora?
David sigue diciendo: “No olvides todos [los] hechos [de Jehová]” (Salmo 103:2). Por lo visto, sentirse agradecido a Jehová se relaciona con meditar con aprecio sobre “sus hechos”. Concretamente, ¿en qué hechos de Jehová está pensando David? Observar la creación de Jehová Dios, como un cielo tachonado de estrellas en una noche despejada, realmente llena el corazón de gratitud al Creador. Los cielos estrellados emocionaron profundamente a David (Salmo 8:3, 4; 19:1). No obstante, en el Salmo 103 él recuerda otra clase de actividades de Jehová.
Jehová “está perdonando todo tu error”
David narra en este salmo los actos de bondad amorosa de Dios. Con referencia al primero y más importante, canta: ‘Jehová está perdonando todo tu error’ (Salmo 103:3). No hay duda de que David era consciente de su estado pecaminoso. Cuando el profeta Natán se encaró a él y sacó a la luz su relación adúltera con Bat-seba, David admitió: “Contra ti [Jehová], contra ti solo, he pecado, y lo que es malo a tus ojos he hecho” (Salmo 51:4). Con el corazón destrozado rogó: “Muéstrame favor, oh Dios, conforme a tu bondad amorosa. Conforme a la abundancia de tus misericordias, borra mis transgresiones. Lávame cabalmente de mi error, y límpiame aun de mi pecado” (Salmo 51:1, 2). ¡Cuánto debió agradecer David que se le perdonara! Como ser humano imperfecto que era, cometió otros pecados en la vida, pero siempre se arrepintió, aceptó la censura y corrigió su camino. Reflexionar en los maravillosos actos de bondad de Dios hacia él lo motivó a bendecir a Jehová.
¿Acaso no somos nosotros pecadores? (Romanos 5:12.) Hasta el apóstol Pablo se lamentó: “Verdaderamente me deleito en la ley de Dios conforme al hombre que soy por dentro, pero contemplo en mis miembros otra ley que guerrea contra la ley de mi mente y que me conduce cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Hombre desdichado que soy! ¿Quién me librará del cuerpo que está padeciendo esta muerte?” (Romanos 7:22-24). Podemos estar muy agradecidos a Jehová de que no lleve cuenta de nuestras transgresiones. Cuando nos arrepentimos y buscamos perdón, él las borra con mucho gusto.
David se recuerda lo siguiente: “[Jehová] está sanando todas tus dolencias” (Salmo 103:3). Puesto que sanar implica una recuperación o restablecimiento, supone más que perdonar el mal proceder. Conlleva la eliminación de las “dolencias”, es decir, las malas consecuencias de haber actuado mal. En el nuevo mundo que Jehová traerá, él ciertamente erradicará las consecuencias físicas del pecado, como la enfermedad y la muerte (Isaías 25:8; Revelación [Apocalipsis] 21:1-4). Pero incluso hoy, Dios nos sana de las dolencias espirituales, que en el caso de algunas personas incluyen una mala conciencia y una relación rota con él. ‘No olvidemos’ lo que Jehová ya ha hecho por cada uno de nosotros a este respecto.
“Está reclamando tu vida”
“[Jehová] está reclamando tu vida del hoyo mismo”, canta David (Salmo 103:4). El “hoyo mismo” es la sepultura común de la humanidad: Seol o Hades. Incluso antes de convertirse en rey de Israel, David se vio a las puertas de la muerte. Por ejemplo, Saúl, rey de Israel, alimentó un odio asesino a David y trató de matarlo en varias ocasiones (1 Samuel 18:9-29; 19:10; 23:6-29). Los filisteos también quisieron verlo muerto (1 Samuel 21:10-15). Pero en todos los casos Jehová lo rescató “del hoyo mismo”. Qué agradecido debió sentirse David al recordar estos hechos de Jehová.
¿Y nosotros? ¿Nos ha sostenido Jehová durante períodos de depresión o tras haber perdido a un ser amado? ¿O hemos sabido de casos actuales en que él ha reclamado la vida de sus Testigos fieles del hoyo del Seol? Tal vez nos ha emocionado leer en las páginas de esta revista relatos de sus actos de liberación. ¿Por qué no dedicar tiempo a reflexionar agradecidos sobre estos hechos del Dios verdadero? Y, por supuesto, todos tenemos razón para sentir agradecimiento a Jehová por la esperanza de la resurrección (Juan 5:28, 29; Hechos 24:15).
Jehová nos da tanto la vida como aquello que la hace placentera y que tenga sentido. El salmista dice que Dios “te está coronando con bondad amorosa y misericordias” (Salmo 103:4). En los momentos de necesidad, Jehová no nos abandona, sino que acude en nuestra ayuda mediante su espiritu santo. Esa ayuda nos permite hacer frente a situaciones difíciles sin perder el amor propio ni la dignidad. Los pastores cristianos se preocupan mucho por las ovejas. Animan a las enfermas y deprimidas, y hacen todo lo posible por levantar a las que han caído (Isaías 32:1, 2; 1 Pedro 5:2, 3; Judas 22, 23). El espíritu de Jehová motiva a esos pastores a ser compasivos y amorosos con el rebaño. Su “bondad amorosa y misericordias” son una auténtica corona que nos adorna y nos confiere dignidad. No olvidemos nunca los hechos de Jehová y bendigámosle a él y su santo nombre.
David continúa amonestando a su alma y canta: “[Jehová] está satisfaciendo tu vida entera con lo que es bueno; tu juventud sigue renovándose tal como la de un águila” (Salmo 103:5). La vida que da Jehová es satisfactoria y feliz. El mismo conocimiento de la verdad es un tesoro sin par y una fuente de muchísimo gozo. Y pensemos en lo profundamente gratificante que es la obra que Jehová nos ha encargado: predicar y hacer discípulos. Es un gran placer encontrar a una persona interesada en aprender sobre el Dios verdadero y ayudarla a conocer a Jehová y bendecirlo. Pero sea que nos escuchen o no en donde vivimos, es un magnífico privilegio tomar parte en una obra relacionada con la santificación del nombre de Jehová y la vindicación de su soberanía.
¿Quién no se cansa o se fatiga mientras persiste en la obra de proclamar el Reino de Dios? No obstante, Jehová sigue dando nuevas fuerzas a sus siervos, y los hace “como águilas” que tienen alas poderosas y se remontan a gran altura. Podemos estar muy agradecidos de que nuestro amoroso Padre celestial nos dé esa “energía dinámica” para que un día tras otro llevemos a cabo fielmente nuestro ministerio (Isaías 40:29-31).