Texto Libre

Saturday 14 november 6 14 /11 /Nov 04:06
La Biblia advierte: “El que está andando con personas sabias se hará sabio, pero al que está teniendo tratos con los estúpidos [en sentido moral] le irá mal”. (Proverbios 13:20.) De modo que no te relaciones con los que cuentan chistes de tono subido o que se jactan de sus aventuras sexuales, ni siquiera los escuches, pues si lo haces, otros podrían formarse una idea equivocada de ti. La joven Erica explica que cuando la conversación de sus compañeros empieza a pasarse de la raya, les dice: “Bueno, creo que ya es hora de irme”, y ellos saben a lo que se refiere.
Sé “un muro”!
Pero a veces, el que dejes bien establecido que eres cristiana no basta para frenar a algunos muchachos. (“¿Y qué más da que seas cristiana?”, razonó cierto joven. “Sigues siendo una mujer y yo un hombre.”) ¿Cómo manejarías una situación de ese tipo? Fíjate en el ejemplo bíblico de la doncella sulamita, a quien le hizo la corte uno de los hombres más ricos, sabios y poderosos de la Tierra: el rey Salomón. Sin embargo, ella ya estaba enamorada de un humilde pastor de su pueblo natal. ¿Qué podía hacer para que Salomón la dejase en paz?
Para empezar, tenía una opinión equilibrada de sí misma, pues dijo: “Un simple azafrán de la llanura costanera soy”. (El Cantar de los Cantares 2:1.) Es básico que tengas una disposición humilde como esa, pues el principal medio que utilizan los seductores es la adulación. La sulamita era lo bastante modesta como para caer en esa trampa. Y cuando sus compañeras, las “hijas de Jerusalén”, la presionaron para que aceptara a Salomón, ella las puso bajo juramento ‘de que no trataran de despertar ni excitar amor en ella sino hasta que este se sintiese inclinado’. (El Cantar de los Cantares 3:5.) El dar a conocer a tus compañeras cuál es tu posición puede también contrarrestar parte de la presión que ejercen en ti.
Pero lo más importante es que la sulamita estaba determinada a resistir todos los intentos del rey por persuadirla. “Soy un muro”, declaró con orgullo. (El Cantar de los Cantares 8:10.) Tú tienes que demostrar la misma resolución cuando te hagan proposiciones impropias. Al igual que la sulamita, tienes que aprender a decir que no. Si te resulta difícil, practica a decir que no en situaciones más intrascendentes. Acostúmbrate a defender lo que crees, y cuando se te presenten situaciones serias, estarás mejor preparada para manejarlas.

La joven sulamita sabe que, en cuestiones de amor, debe tener las cosas claras. Por eso les dice a sus compañeras: “Las he puesto bajo juramento [...] de que no traten de despertar ni excitar amor en mí hasta que este se sienta inclinado”. Ella es consciente de que el corazón puede jugarle una mala pasada. Sabe que podría ceder ante la presión de los demás y terminar aceptando a la persona equivocada. También sabe que sus sentimientos podrían nublarle el juicio. Por eso, decide ser tan firme como “un muro” (El Cantar de los Cantares 8:4, 10).
Y tú, ¿ves las relaciones románticas con la misma madurez que la sulamita? ¿Eres capaz de pensar con la cabeza y no con el corazón? (Proverbios 2:10, 11.) Puede que otras personas te presionen para que inicies una relación antes de estar preparado. O puede que seas tú quien esté alimentando ese deseo. Por ejemplo, cuando ves a un chico y una chica paseando agarrados de la mano, ¿sientes unas ganas locas de tener pareja? ¿Llegarías al punto de salir con una persona que no tiene tus mismas creencias religiosas? La sulamita actuó con madurez, y tú también puedes hacerlo.
Por LA BIBLIA
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LA MALA AMIGA DE LA BIBLIA

                                          El fracaso de la religión

Otra razón por la cual se acepta la evolución es el fracaso de la religión convencional tanto en cuanto a lo que enseña como en cuanto a lo que hace, así como el hecho de que no representa debidamente el relato bíblico de la creación. Las personas informadas están bien al tanto del registro religioso de hipocresía, opresión e inquisiciones. Han observado que el clero ha dado apoyo a dictadores asesinos. Saben que personas de la misma religión se han matado unas a otras por millones en las guerras, mientras el clero ha apoyado a cada lado de la contienda. Por eso, no hallan razón para tomar en consideración al Dios a quien estas religiones supuestamente representan. Además, las doctrinas absurdas y antibíblicas contribuyen a este alejamiento. Ideas como las del tormento eterno —que Dios ha de asar para siempre en un infierno de fuego literal a la gente— son repugnantes a las personas que razonan.

Sin embargo, tales enseñanzas y acciones religiosas no solo repugnan a las personas razonantes, sino que, según lo que la Biblia indica, también repugnan a Dios. Ciertamente la Biblia denuncia con franqueza la hipocresía de ciertos líderes religiosos. Por ejemplo, dice de ellos: “Ustedes también, por fuera realmente, parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de desafuero” (Mateo 23:28). Jesús dijo a la gente común que el clero de ellos estaba compuesto de “guías ciegos” que enseñaban, no lo que viene de Dios, sino mandatos contrarios, “mandatos de hombres como doctrinas” (Mateo 15:9, 14). De manera parecida, la Biblia condena a los religiosos que “declaran públicamente que conocen a Dios, pero [que] por sus obras lo repudian” (Tito 1:16). Así, a pesar de lo que afirman, las religiones que han promovido o aprobado tácitamente la hipocresía y el derramamiento de sangre no provienen de Dios, ni lo representan. En vez de eso, a tales sistemas se les llama “falsos profetas”, y se les compara con árboles que producen “fruto inservible”. (Mateo 7:15-20; Juan 8:44; 13:35; 1 Juan 3:10-12.)

Además, muchas religiones han capitulado en lo que se refiere a la evolución, y así han dejado sin alternativa a sus seguidores. Por ejemplo, la New Catholic Encyclopedia declara: “La evolución general, hasta del cuerpo del hombre, parece ser el más probable relato científico de los orígenes”13. En una reunión en el Vaticano, 12 doctos que representaban al más encumbrado cuerpo científico de la Iglesia Católica concordaron en esta conclusión: “Estamos convencidos de que cantidades masivas de prueba ponen más allá de disputa seria la aplicación del concepto de la evolución al hombre y a otros primates”14. Con tal apoyo religioso, ¿es probable que miembros no informados de tal iglesia opongan resistencia, aunque en realidad “cantidades masivas de prueba” no apoyan la evolución, sino, al contrario, realmente apoyan la creación?

El vacío que esto crea suele ser llenado por el agnosticismo y el ateísmo. La gente, al dejar de creer en Dios, acepta la evolución como la alternativa. Hoy día, en varios países el ateísmo basado en la evolución es hasta la política oficial del Estado. Por mucha de esta descreencia se puede responsabilizar a las religiones de este mundo.

A lo dicho se puede añadir que algunas doctrinas religiosas hacen que la gente crea que la Biblia enseña cosas que contradicen la realidad científica, y por eso la gente rechaza al Dios de la Biblia. Por ejemplo, como ya se señaló en un capítulo anterior, hay quienes alegan, erróneamente, que la Biblia enseña que la Tierra fue creada en seis días literales de 24 horas, y que solo tiene 6.000 años de existencia. Pero la Biblia no enseña estas cosas.

‘Ver es creer’

Hay personas que sinceramente rechazan el concepto de un Creador porque piensan que, como se ha dicho, ‘ver es creer’. Si algo no puede ser visto ni medido de alguna manera, entonces esas personas quizás piensen que no existe. Es verdad que en la vida diaria reconocen la existencia de muchas cosas que no pueden ser vistas, como la electricidad, el magnetismo, las ondas de radio o televisión, y la fuerza de gravedad. Sin embargo, esto no altera su punto de vista, porque todas estas cosas todavía pueden ser medidas o percibidas por otros medios físicos. Pero no hay manera física de ver ni medir a un Creador, o Dios.

No obstante, como hemos visto en capítulos anteriores, hay razón sólida para creer que un Creador invisible sí existe, porque podemos observar la prueba, los resultados físicos de su actividad. Notamos esto en la perfección y complejidad técnicas de la estructura atómica, en el universo magníficamente organizado, en el singular planeta Tierra, en los asombrosos diseños de los organismos vivos, y en el imponente cerebro humano. Estos son efectos que tienen que haber tenido una causa adecuada que dé cuenta de su existencia. Hasta los materialistas aceptan esta ley de causa y efecto en todos los demás asuntos. ¿Por qué no aceptarla también en cuanto al universo físico mismo?

Sobre este punto, nada es más diáfano que el argumento sencillo de la Biblia: “Desde que el mundo es mundo, lo invisible de [el Creador], es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras” (Romanos 1:20, Nueva Biblia Española). En otras palabras, la Biblia razona de efecto a causa. La creación visible, “sus obras” imponentes, son un efecto patente que tiene que haber tenido una causa inteligente. Esa causa invisible es Dios. Además, como Hacedor de todo el universo, el Creador indudablemente posee poder tan enorme que los humanos de carne y sangre no deberían esperar ver a Dios y sobrevivir. Como la Biblia comenta: “Ningún hombre puede ver [a Dios] y sin embargo vivir”. (Éxodo 33:20.)

Otra razón de importancia por la cual no creen

Hay otra razón de importancia por la cual muchas personas dejan de creer en Dios y aceptan la evolución. Esa razón es el mucho sufrimiento que existe. Por siglos ha habido muchísima injusticia, opresión, crimen, guerra, enfermedades y muerte. Muchas personas no entienden por qué le han sobrevenido todas estas penalidades a la familia humana. Les parece que un Creador todopoderoso no habría permitido tales cosas. Puesto que estas condiciones sí existen, esas personas piensan que Dios no pudiera existir. Así, cuando se les presenta la evolución, la aceptan como la única alternativa, muchas veces sin efectuar mucha investigación.

Entonces, ¿por qué permitiría tanto sufrimiento un Creador todopoderoso? ¿Será para siempre así? Entender la respuesta a este problema permitirá que uno, en cambio, comprenda la razón más profunda, oculta a la vista, de por qué la teoría de la evolución se ha generalizado tanto en nuestro tiempo.

 

 

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