POR QUE CONFIAR EN LA BIBLIA?

Publicado en por LA BIBLIA

                    ¿Puede usted confiar en la Biblia?

PARA muchas personas, la Biblia es sencillamente un libro que fue escrito por hombres sabios de una época ya ida. Un profesor universitario, Gerald A. Larue, aseguró: “Los puntos de vista de los escritores como se expresan en la Biblia reflejan las ideas, creencias y conceptos que eran comunes en los propios tiempos de ellos, y están limitados por el grado de conocimiento que había en aquellos tiempos”1. Sin embargo, la Biblia afirma de sí misma que es un libro inspirado por Dios (2 Timoteo 3:16). Si esto es cierto, la Biblia ciertamente estaría libre de los puntos de vista equivocados que fueran comunes cuando sus diversas partes fueron escritas. ¿Puede la Biblia salir victoriosa al ser examinada a la luz del conocimiento actual?

A medida que consideramos esta cuestión, tenga presente que, mientras el conocimiento va aumentando, los humanos se ven en la necesidad constante de seguir ajustando sus puntos de vista para amoldarlos a la nueva información y a los nuevos descubrimientos. La revista Scientific Monthly señaló en cierta ocasión lo siguiente: “Es pedir demasiado el esperar que artículos que en algunos casos se hubieran escrito tan [recientemente] como cinco años atrás pudieran ser aceptados ahora como representativos de lo último que se piensa en las áreas de la ciencia de que tratan”. Sin embargo, la Biblia fue escrita y compilada durante un espacio de unos 1.600 años, y quedó completa hace aproximadamente 2.000 años. ¿Qué se puede decir hoy acerca de su exactitud?

La Biblia y la ciencia

Durante el tiempo en que se estaba escribiendo la Biblia, entre los hombres había razonamientos infundados en cuanto a cómo estaba sostenida en el espacio la Tierra. Por ejemplo, algunos creían que la Tierra estaba sostenida por cuatro elefantes que estaban plantados sobre una enorme tortuga marina. Sin embargo, la Biblia, en vez de reflejar los puntos de vista imaginativos y no científicos que existían cuando estaba siendo escrita, sencillamente declaró: “[Dios] está extendiendo el norte sobre el lugar vacío, colgando la tierra sobre nada” (Job 26:7). Sí, más de 3.000 años atrás la Biblia señaló, correctamente, que la Tierra no tiene apoyo visible, un hecho que está en armonía con las leyes de la gravitación y la moción, que han sido entendidas en tiempos relativamente recientes. “El hecho de cómo supo Job la verdad —declaró cierto docto religioso— es una cuestión que no pueden resolver fácilmente los que niegan la inspiración de la Sagrada Escritura”.

En cuanto a la forma de la Tierra, The Encyclopedia Americana dice: “La más temprana imagen mental conocida de la Tierra entre los hombres era que esta era una plataforma plana y rígida en el centro del universo. [...] El concepto de una Tierra esférica no fue aceptado extensamente sino hasta el Renacimiento”4. ¡Navegantes del pasado hasta temían caerse junto con sus embarcaciones de vela desde el borde de la Tierra plana! Pero después la introducción de la brújula y de otras mejoras hicieron posible efectuar viajes oceánicos más largos. Estos “viajes de descubrimiento —explica otra enciclopedia— mostraron que el mundo era redondo, no plano como había creído la mayoría de la gente”.

Sin embargo, mucho antes de tales viajes, en realidad unos 2.700 años atrás, la Biblia dijo: “Hay Uno que mora por encima del círculo de la tierra, los moradores de la cual son como saltamontes” (Isaías 40:22). La palabra hebrea chugh, traducida “círculo”, también puede significar “esfera”, como lo muestran obras de referencia como el Analytical Hebrew and Chaldee Lexicon (Léxico analítico hebreo y caldeo) de Davidson. Por tanto, otras traducciones dicen “el globo de la tierra” (Franquesa-Solé), y “el orbe terrestre” (Biblia de Jerusalén). Como se ve, la Biblia no estuvo bajo la influencia del concepto erróneo de una Tierra plana, que era el punto de vista general cuando la Biblia fue escrita. La Biblia fue exacta.

Por mucho tiempo los humanos han notado que los ríos fluyen a los mares y a los océanos y sin embargo la profundidad de los mares y los océanos no aumenta. Algunos creían, hasta cuando se aprendió que la Tierra es esférica, que esto se debía a que desde los extremos de la Tierra se estaba derramando y perdiendo una cantidad igual de agua. Más tarde se aprendió que cada segundo el Sol eleva como por bombeo miles de millones de litros de agua desde los mares, en la forma de vapor de agua. Esto produce nubes que son llevadas por el viento sobre las zonas terrestres, donde la humedad se precipita como lluvia y nieve. El agua entonces se escurre hacia los ríos y fluye de nuevo a los mares. Este maravilloso ciclo, aunque por lo general era desconocido en la antigüedad, se menciona en la Biblia: “Los ríos desembocan en el mar y éste nunca se llena, y el agua vuelve a los ríos y nuevamente fluye hacia el mar”. (Eclesiastés 1:7, La Biblia al Día.)

Respecto al origen del universo, la Biblia declara: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Pero para muchos científicos esto no estaba en armonía con la ciencia, pues ellos decían que el universo no había tenido principio. Sin embargo, el astrónomo Robert Jastrow, señalando a información más reciente, explica: “La esencia de estos extraños descubrimientos es que el Universo tuvo, en algún sentido, un principio... que empezó en cierto momento en el tiempo”. Jastrow aquí se refiere a una creencia comúnmente aceptada ahora, la teoría de “la gran explosión”, como se ha señalado en el capítulo 9. Él añade: “Ahora vemos que la prueba procedente de la astronomía conduce a un punto de vista bíblico del origen del mundo. Los detalles difieren, pero los elementos esenciales en el relato astronómico y el relato bíblico de Génesis son iguales”

¿Qué reacción han causado tales descubrimientos? “El dato curioso es que los astrónomos están perturbados”, escribe Jastrow. “Sus reacciones suministran una interesante demostración de la respuesta de la mente científica —supuestamente una mente muy objetiva— cuando la prueba descubierta por la ciencia misma conduce a un conflicto con los artículos de fe de nuestra profesión. Resulta que el científico se comporta como los demás de nosotros lo hacemos cuando nuestras creencias están en conflicto con la prueba. Nos irritamos, fingimos que el conflicto no existe, o lo cubrimos con frases que carecen de significado”. Pero sigue en pie el hecho de que aunque la “prueba descubierta por la ciencia” no concordaba con lo que los científicos habían creído por mucho tiempo en cuanto al origen del universo, confirmaba lo que se había escrito en la Biblia milenios atrás.

La Biblia dice que en los días de Noé un gran diluvio cubrió las más altas montañas de la Tierra y destruyó toda la vida humana que se hallaba fuera de la enorme arca construida por Noé (Génesis 7:1-24). Muchas personas se han mofado de este relato. Sin embargo, en elevadas montañas se hallan caparazones de organismos marinos. Y la gran cantidad de fósiles y cuerpos muertos depositados en lodo congelado es prueba adicional de que un diluvio de proporciones inmensas ocurrió en el pasado no muy distante. La publicación The Saturday Evening Post dijo: “Muchos de estos animales estaban perfectamente frescos, completos y sin daño, y todavía de pie o por lo menos levantados sobre las rodillas. [...] Aquí está un cuadro verdaderamente sacudidor... para la manera como pensábamos antes. Grandísimas manadas de bestias enormes y bien alimentadas que no estaban específicamente diseñadas para el frío extremo estaban alimentándose plácidamente en pastos soleados [...] De repente todas fueron muertas sin señal visible alguna de violencia y antes que pudieran siquiera tragarse un último bocado de alimento, y entonces fueron congeladas con tanta rapidez que cada célula de sus cuerpos está perfectamente conservada”.

Esto encaja con lo que sucedió en el gran Diluvio. La Biblia lo describe de este modo: “Fueron rotos todos los manantiales de la vasta profundidad acuosa y las compuertas de los cielos fueron abiertas”. La precipitación acuosa ‘anegó abrumadoramente la tierra’, e indudablemente estuvo acompañada de vientos helados en las regiones polares (Génesis 1:6-8; 7:11, 19). En esos lugares el cambio de temperatura sería el más rápido y drástico. Así fueron anegadas y conservadas en el lodo helado diversas formas de vida. Puede que una de estas haya sido el mamut que fue descubierto por los excavadores en Siberia, y que se ve en la ilustración acompañante. Todavía tenía vegetación en la boca y el estómago, y su carne hasta podría haberse comido después de ser descongelada.

Mientras más cuidadosamente se examina la Biblia, más sorprendente es su notable exactitud. Como se ha señalado en las páginas 36 y 37 de este libro, la Biblia da las etapas de la creación en el mismo orden que la ciencia ahora confirma, un hecho difícil de explicar si la Biblia fuera sencillamente de origen humano. Este es otro ejemplo de los muchos detalles de la Biblia que han sido confirmados por el conocimiento que avanza. Con buena razón uno de los más grandes científicos de todo tiempo, Isaac Newton, dijo: “No hay ciencias mejor atestiguadas que la religión de la Biblia”

La Biblia y la salud

A través de los siglos ha habido gran ignorancia respecto a asuntos de la salud. Un médico hasta declaró: “Muchísimas personas todavía creen muchas supersticiones, como las de que una castaña en el bolsillo evita el reumatismo; que el tomar sapos en la mano causa verrugas; que el llevar franela roja alrededor del cuello sana una garganta irritada”, y otras. Sin embargo, explicó: “En la Biblia no se encuentran declaraciones de esa índole. Esto en sí mismo es notable”

También es notable el resultado de comparar con lo que la Biblia dice los peligrosos tratamientos médicos que se utilizaban en el pasado. Por ejemplo, el Papiro Ebers, un papiro médico de los egipcios antiguos, prescribía el uso de excremento para tratar diferentes condiciones. Decía que el excremento humano mezclado con leche fresca debía aplicarse como cataplasma en las lesiones que quedaran después de la caída de las costras. Y un remedio para sacar astillas dice: “Sangre de gusanos, cuézase y aplástese en aceite; topo, mátese, cuézase y déjese escurrir en aceite; excremento de asno, mézclese en leche fresca. Aplíquese a la abertura”. Ahora se sabe que tal tratamiento puede resultar en infecciones serias.

¿Qué dice la Biblia acerca del excremento? Dio estas direcciones: “Cuando te agaches fuera, entonces tienes que cavar un hoyo con [un instrumento de cavar] y volverte y cubrir tu excremento” (Deuteronomio 23:13). Así, lejos de prescribir excremento para tratamiento médico, la Biblia dio instrucciones de disponer apropiadamente de los desechos humanos. Hasta el siglo actual, por lo general no se conocía el peligro de dejar los excrementos expuestos a las moscas. Esto resultó en que se esparcieran graves enfermedades portadas por las moscas, y en la muerte de muchas personas. Sin embargo, el remedio sencillo estaba registrado en la Biblia durante todo ese tiempo, y los israelitas lo seguían más de 3.000 años atrás.

Durante el siglo pasado, el personal médico pasaba directamente de estar manejando cadáveres en el cuarto de disección a la sala de maternidad para efectuar exámenes, y ni siquiera se lavaban las manos. Así se transferían infecciones de los muertos a los vivos, y muchas otras personas morían. Hasta cuando se demostró el valor de lavarse las manos, muchos miembros de la comunidad médica opusieron resistencia a estas medidas higiénicas. Indudablemente sin que lo supieran, estaban rechazando la sabiduría de la Biblia, puesto que la ley de Jehová a los israelitas decretaba que cualquier persona que tocara a un cadáver se hacía inmunda y tenía que lavarse y lavar su ropa. (Números 19:11-22.)

Como señal de un pacto con Abrahán, Jehová Dios dijo: “Todo varón de ustedes que tenga ocho días de edad tiene que ser circuncidado”. Más tarde, este requisito fue repetido a la nación de Israel (Génesis 17:12; Levítico 12:2, 3). No se explicó por qué se había especificado el día octavo, pero ahora lo entendemos. La investigación médica ha descubierto que la vitamina K, un elemento coagulador de la sangre, sube a un nivel adecuado únicamente para entonces. Parece que otro elemento coagulador esencial, la protrombina, alcanza en el octavo día un nivel superior al de cualquier otro tiempo durante la vida del niño. Fundándose en esta evidencia, el Dr. S. I. McMillen llegó a esta conclusión: “El día perfecto para ejecutar una circuncisión es el octavo día”12. ¿Fue esto simple coincidencia? De ninguna manera. Fue conocimiento que comunicó un Dios que sabía lo implicado.

Otro descubrimiento de la ciencia moderna es el grado a que la actitud mental y las emociones afectan la salud. Una enciclopedia explica: “Desde 1940 se ha hecho cada vez más claro que la función fisiológica de los órganos así como los sistemas de órganos están estrechamente relacionados con el estado mental del individuo, y que hasta pueden ocurrir cambios en los tejidos de un órgano que haya sido afectado de ese modo”13. Sin embargo, mucho tiempo atrás en la Biblia se hizo referencia a esta estrecha relación entre la actitud mental y la salud física. Por ejemplo, la Biblia dice: “Un corazón calmado es la vida del organismo de carne, pero los celos son podredumbre a los huesos”. (Proverbios 14:30; 17:22.)

Por eso la Biblia guía a la gente a apartarse de las emociones y las actitudes dañinas. “Andemos decentemente —amonesta—, no en contienda y celos.” También aconseja: “Quítense de ustedes toda amargura maliciosa y cólera e ira y gritería y habla injuriosa junto con toda maldad. Mas háganse bondadosos los unos con los otros, tiernamente compasivos” (Romanos 13:13; Efesios 4:31, 32). La Biblia recomienda especialmente el amor. “Además de todas estas cosas —dice—, vístanse de amor.” Jesús, en su condición del mayor proponente del amor, dijo a sus discípulos: “Les doy un nuevo mandamiento: que se amen unos a otros; así como yo los he amado”. En su Sermón del Monte hasta dijo: “Continúen amando a sus enemigos” (Colosenses 3:12-15; Juan 13:34; Mateo 5:44). Muchos quizás se burlen de esto, y lo llamen debilidad, pero a costa de algo. La ciencia ha aprendido que la falta de amor es un factor de importancia en muchas enfermedades mentales y otros problemas.

La publicación médica británica Lancet dijo en cierta ocasión: “Por mucho, el descubrimiento más significativo de la ciencia mental es el poder del amor como fuerza protectora y restaurativa para la mente”. De manera similar, un conocido especialista en asuntos de tensión emocional o estrés, el Dr. Hans Selye, dijo: “No es la persona odiada ni el jefe que frustra quien llega a padecer úlceras, hipertensiones y enfermedades cardíacas. Es la persona que odia o que se permite sentirse frustrada. ‘Ama a tu prójimo’ está entre los más sabios consejos médicos que alguna vez se han dado”

En verdad la sabiduría de la Biblia aventaja por mucho a los descubrimientos modernos. Como una vez escribió el doctor James T. Fisher: “Si se fuera a tomar la suma de todos los artículos autoritativos escritos por los más capacitados sicólogos y siquiatras en el asunto de la higiene mental —si se fuera a combinarlos, y refinarlos, y a echar fuera la verbosidad excesiva— si se tomara toda la carne y nada del perejil, y si estas porciones no adulteradas de conocimiento científico puro hubieran de ser concisamente expresadas por el más capacitado de los poetas vivientes, se tendría un resumen inadecuado e incompleto del Sermón del Monte”.

La Biblia y la historia

Después que Darwin hubo publicado su teoría de la evolución, el registro histórico de la Biblia llegó a estar bajo extenso ataque. El arqueólogo Leonard Woolley explicó: “Surgió para finales del siglo XIX una escuela extremada de críticos que estuvo dispuesta a negar el fundamento histórico de casi todo lo que se relata en los primeros libros del Antiguo Testamento”17. De hecho, algunos críticos hasta alegaron que el escribir no entró en uso general sino hasta el tiempo de Salomón o después; y que, por tanto, no se podía confiar en las primeras narraciones bíblicas, puesto que estas no habrían sido puestas por escrito sino hasta siglos después de haber ocurrido los acontecimientos. Uno de los exponentes de esta teoría dijo, en 1892: “El tiempo, del cual tratan las narraciones de antes de Moisés, es suficiente prueba de su carácter legendario. Aquel tiempo precedió a todo conocimiento del arte de escribir”

Sin embargo, en los últimos tiempos se ha acumulado mucha prueba arqueológica que muestra que la escritura era común mucho antes del tiempo de Moisés. “De nuevo tenemos que enfatizar —explicó el arqueólogo William Foxwell Albright— que la escritura alfabética hebrea se empleó en Canaán y en los distritos vecinos desde la era patriarcal en adelante, y que la rapidez con que cambiaron las formas de los caracteres es prueba clara de que se empleaban comúnmente”19. Y otro prominente historiador y excavador señaló: “Ahora nos parece absurdo el que siquiera se pusiera en tela de juicio alguna vez el que Moisés hubiera sabido escribir”.

Vez tras vez ha sido confirmado el registro histórico de la Biblia por el descubrimiento de nueva información. Por ejemplo, por mucho tiempo el rey asirio Sargón fue conocido únicamente por el relato bíblico de Isaías 20:1. De hecho, durante la primera parte del siglo pasado los críticos descontaron esta referencia bíblica a él como algo que no tenía valor histórico. Entonces las excavaciones arqueológicas pusieron al descubierto las ruinas del magnífico palacio de Sargón en Korsabad, junto con muchas inscripciones relacionadas con su dominio. Como resultado de esto, Sargón es ahora uno de los más conocidos reyes asirios. El historiador israelí Moshe Pearlman escribió: “De súbito, escépticos que habían dudado de la autenticidad de hasta las partes históricas del Antiguo Testamento empezaron a modificar sus puntos de vista”21.

Una de las inscripciones de Sargón narra un episodio que antes había sido conocido únicamente por lo que la Biblia decía. La inscripción dice: “Sitié y conquisté a Samaria, me llevé como botín a 27.290 habitantes de ella”22. El relato bíblico de esto en 2 Reyes 17:6 dice: “En el año noveno de Oseas, el rey de Asiria tomó a Samaria y entonces condujo a Israel al destierro”. En cuanto a la notable similitud de estos dos relatos, Pearlman señaló: “Aquí teníamos, pues, dos informes en los anales del conquistador y del vencido, y cada uno casi espeja al otro”23.

¿Deberíamos esperar, pues, que los registros bíblicos y seglares concordaran en todo detalle? No; como hace notar Pearlman: “Esta clase de idéntico ‘reportaje bélico’ desde ambos lados era extraordinario en el Oriente Medio de la antigüedad (y a veces también lo es en tiempos modernos). Ocurría únicamente cuando los países en conflicto eran Israel y uno de sus vecinos, y solo cuando Israel era derrotado. Cuando Israel ganaba, en las crónicas del enemigo no aparecía ningún registro de fracaso”24. (Cursivas añadidas.) Por tanto, no sorprende el que los relatos asirios de la campaña militar que condujo en Israel el hijo de Sargón, Senaquerib, tengan una omisión de importancia. ¿Y cuál es esa?

Se han descubierto relieves murales del palacio del rey Senaquerib que pintan escenas de su expedición en Israel. También se han hallado descripciones escritas de tal expedición. Una, un prisma de arcilla, dice: “En cuanto a Ezequías, el judío, él no se sometió a mi yugo, puse sitio a 46 de sus ciudades fuertes [...] A él mismo lo hice prisionero en Jerusalén, su residencia real, como a un pájaro en una jaula. [...] Subyugué su país, pero todavía aumenté el tributo y los regalos-katrû (debidos) a mí (como su) amo”25. Como se ve, la versión de Senaquerib coincide con la Biblia cuando se trata de las victorias asirias. Pero, como hubiera de esperarse, él omite la mención de que no pudo conquistar a Jerusalén, y de que se vio obligado a regresar a su país porque se había dado muerte a 185.000 de sus soldados en una sola noche. (2 Reyes 18:13–19:36; Isaías 36:1–37:37.)

Considere el asesinato de Senaquerib, y lo que revela un descubrimiento reciente. La Biblia dice que dos de sus hijos, Adramelec y Sarezer, dieron muerte a Senaquerib (2 Reyes 19:36, 37). Sin embargo, tanto el relato que se atribuye al rey babilonio Nabonides como el del sacerdote babilonio Beroso, del tercer siglo a. de la E.C., mencionan un solo hijo implicado en aquella muerte. ¿Cuál relato era el correcto? Comentando sobre un descubrimiento hecho más recientemente, un prisma fragmentario de Esar-hadón, el hijo de Senaquerib que le sucedió como rey, el historiador Philip Biberfeld escribió: “Solo el relato bíblico resultó estar correcto. Fue confirmado en todo mínimo detalle por la inscripción de Esar-hadón, y resultó más exacto en cuanto a este acontecimiento de la historia babilonia y asiria que las mismas fuentes babilonias. Este es un hecho de gran importancia para la evaluación de hasta fuentes contemporáneas que no estén de acuerdo con la tradición bíblica”

Hubo un tiempo en que todas las fuentes antiguas conocidas diferían también de la Biblia respecto a Belsasar, o Baltasar. La Biblia presenta a Belsasar como rey de Babilonia cuando esta cayó (Daniel 5:1-31). Sin embargo, los escritos seglares ni siquiera mencionaban a Belsasar, y decían que Nabonides era rey en aquel tiempo. Por eso, los críticos alegaban que Belsasar jamás había existido. Sin embargo, en tiempos más recientes se hallaron escritos antiguos que identificaban a Belsasar como hijo de Nabonides y corregente con su Padre en Babilonia. Por esta razón, patentemente, la Biblia dice que Belsasar ofreció a Daniel hacerlo el “tercer gobernante en el reino”, puesto que Belsasar mismo era el segundo (Daniel 5:16, 29). Por eso, R. P. Dougherty, profesor de la Universidad de Yale, al comparar el libro bíblico de Daniel con otros escritos antiguos, dijo: “Se puede interpretar que el relato bíblico excele porque emplea el nombre Belsasar, porque atribuye poder de rey a Belsasar y porque reconoce que existía una gobernación binaria en el reino”.

Otro ejemplo de un descubrimiento que confirma lo histórico de una persona mencionada en la Biblia lo da Michael J. Howard, quien trabajó con la expedición a Cesarea, en Israel, en 1979. “Por 1.900 años —escribió él— Pilato existió únicamente en las páginas de los Evangelios y en los recuerdos vagos de historiadores romanos y judíos. No se conocía casi nada acerca de su vida. Algunos decían que ni siquiera había existido alguna vez. Pero en 1961 una expedición arqueológica italiana trabajaba en las ruinas del antiguo teatro romano de Cesarea. Un obrero dio vuelta a una piedra que había sido usada en una de las escaleras. En el reverso estaba la siguiente inscripción parcialmente oscurecida, en latín: ‘Caesariensibus Tiberium Pontius Pilatus Praefectus Iudaeae’ (Al pueblo de Cesarea Tiberio Poncio Pilato prefecto de Judea). Aquello fue un golpe mortífero a las dudas en cuanto a la existencia de Pilato. [...] Por primera vez hubo prueba epigráfica contemporánea de la vida del hombre que ordenó la crucifixión de Cristo”28. (Juan 19:13-16; Hechos 4:27.)

Los descubrimientos modernos hasta corroboran detalles menores de los relatos bíblicos antiguos. Por ejemplo: contradiciendo a la Biblia, en 1964 Werner Keller escribió que los camellos no habían sido domesticados en fecha temprana, y, por tanto, la escena en que “nos encontramos con Rebeca por primera vez en su ciudad nativa de Nacor tiene que experimentar un cambio de accesorios de escenario. Los ‘camellos’ que pertenecían a su futuro suegro, Abrahán, a los cuales ella dio de beber en el pozo, eran... asnos”29 (Génesis 24:10). Sin embargo, en 1978 Moshe Dayan, líder militar y arqueólogo israelí, señaló a la prueba de que los camellos “servían de medio de transporte” en aquellos tiempos remotos, y, por eso, de que el relato que la Biblia da es exacto. “Un relieve del siglo XVIII a. de J.C. hallado en Biblos, en Fenicia, pinta a un camello puesto de rodillas”, explicó Dayan. “Y en sellos cilíndricos descubiertos recientemente en Mesopotamia, pertenecientes al período de los patriarcas, aparecen jinetes sobre camellos”.

La prueba de la exactitud histórica de la Biblia ha incrementado irresistiblemente. Aunque es verdad que no se han hallado registros del desastre de Egipto en el mar Rojo, ni de otras derrotas parecidas, esto no es sorprendente, puesto que no era la costumbre de los gobernantes llevar registro de sus derrotas. Sin embargo, en los muros del templo de Karnak, en Egipto, se descubrió el registro de la invasión de Judá efectuada con éxito por el Faraón Sisac durante el reinado de Roboam, el hijo de Salomón. La Biblia menciona esto en 1 Reyes 14:25, 26. Además, se ha descubierto la versión que da el rey moabita Mesa de su revuelta contra Israel, registrada en lo que se llama la Estela Moabita. Este relato se puede leer también en la Biblia en 2 Reyes 3:4-27.

Los visitantes de muchos museos pueden ver relieves murales, inscripciones y estatuas que verifican los relatos bíblicos. Se menciona a reyes de Judá e Israel tales como Ezequías, Manasés, Omri, Acab, Peka, Menahén y Oseas en registros cuneiformes de gobernantes asirios. Se puede ver una representación del rey Jehú o uno de sus emisarios pagando tributo en el Obelisco Negro de Salmanasar. El ornato del palacio persa de Susán, o Susa, como lo conocían los personajes bíblicos Mardoqueo y Ester, ha sido recreado para ser observado hoy día. Los visitantes de los museos pueden ver también estatuas de los césares romanos de la antigüedad Augusto, Tiberio y Claudio, a quienes se menciona en los relatos bíblicos (Lucas 2:1; 3:1; Hechos 11:28; 18:2). Sí; se ha hallado una moneda de plata de un denario que lleva la imagen de Tiberio César... una moneda como la que Jesús pidió que le mostraran cuando estuvo considerando el asunto de los impuestos. (Mateo 22:19-21.)

El visitante moderno de Israel que esté familiarizado con la Biblia no puede evitar el quedar impresionado por el hecho de que la Biblia describe con gran exactitud aquella tierra y sus características. El doctor Ze’ev Shremer, quien condujo una expedición geológica en la península del Sinaí, dijo en cierta ocasión: “Por supuesto, tenemos nuestros propios mapas y planos de examen geodésico, pero en los casos en que la Biblia y los mapas se contradicen optamos a favor del Libro”31. He aquí un ejemplo de poder experimentar personalmente la historia que se presenta en la Biblia: En Jerusalén hoy día una persona puede recorrer un túnel de 533 metros (1.749 pies) de largo que fue abierto a través de roca sólida más de 2.700 años atrás. Fue abierto para proteger el suministro de agua de la ciudad mediante llevar agua desde el manantial oculto de Gihón, fuera de los muros de la ciudad, hasta el Estanque de Siloam (o Piscina de Siloé) dentro de la ciudad. La Biblia explica cómo Ezequías hizo que se construyera este conducto de agua con el fin de suministrar agua a la ciudad debido a que se esperaba que Senaquerib la sitiara. (2 Reyes 20:20; 2 Crónicas 32:30.)

Estos son únicamente unos cuantos ejemplos que ilustran por qué no es prudente tener en menos la exactitud de la Biblia. Hay muchos, muchos más. Por eso, las dudas en cuanto a la confiabilidad de la Biblia por lo general no se basan en lo que ella dice, ni en prueba sólida, sino, más bien, en información errónea o en ignorancia. Frederic Kenyon, quien fue director del Museo Británico, escribió: “La arqueología no ha dicho todavía su última palabra; pero los resultados ya logrados confirman lo que la fe sugeriría, que la Biblia solo puede salir ganando por un aumento de conocimiento”. Y Nelson Glueck, bien conocido arqueólogo, dijo: “Puede declararse categóricamente que ningún descubrimiento arqueológico ha contradicho alguna vez una referencia bíblica. Se han hecho veintenas de hallazgos arqueológicos que confirman en líneas generales claras o en detalle exacto declaraciones históricas que se hallan en la Biblia”.

Honradez y armonía

Otro punto que identifica a la Biblia como obra que procede de Dios es la honradez de sus escritores. Es contrario a la naturaleza humana el confesar errores o fracasos, especialmente por escrito. La mayoría de los escritores antiguos informaban únicamente sus éxitos y virtudes. Sin embargo, Moisés escribió que él había ‘actuado en desacato’ y por eso había sido descalificado de introducir a Israel en la Tierra Prometida (Deuteronomio 32:50-52; Números 20:1-13). Jonás escribió acerca de su propia desobediencia (Jonás 1:1-3; 4:1). Pablo reconoce sus malos hechos del pasado (Hechos 22:19, 20; Tito 3:3). Y Mateo, un apóstol de Cristo, informó que a veces los apóstoles mostraron poca fe, que procuraron prominencia, y hasta abandonaron a Jesús cuando fue arrestado. (Mateo 17:18-20; 18:1-6; 20:20-28; 26:56.)

Si los escritores de la Biblia hubieran tenido la intención de falsificar algo, ¿no habría de ser eso la información desfavorable acerca de sí mismos? No parecería probable que hubieran de revelar sus propias debilidades y entonces hacer declaraciones falsas acerca de otras cosas, ¿verdad? Por eso, pues, la honradez de los escritores de la Biblia añade peso a su alegación de que Dios los guió mientras escribían. (2 Timoteo 3:16.)

La armonía interna alrededor de un tema central también da testimonio de la Autoría Divina de la Biblia. Es fácil declarar que los 66 libros de la Biblia fueron escritos durante un período de 16 siglos por unos 40 diferentes escritores. Pero ¡piense en lo notable que es ese hecho! Digamos que la escritura de un libro hubiera empezado durante el tiempo del Imperio Romano, que tal escritura hubiera continuado a través del período de las monarquías y hasta el de las repúblicas modernas, y que los escritores fueran personas tan diferentes como soldados, reyes, sacerdotes, pescadores y hasta un ganadero y un médico. ¿Esperaría usted que todas las partes de ese libro siguieran precisamente el mismo tema? Sin embargo, la Biblia fue escrita durante un espacio de tiempo similar, bajo diversos regímenes políticos, y por hombres de todas esas categorías. Y toda ella está en armonía. Su mensaje fundamental va en la misma dirección desde su comienzo hasta su final. ¿No da peso esto a la alegación de la Biblia de que estos “hombres hablaron de parte de Dios al ser llevados por espíritu santo”? (2 Pedro 1:20, 21.)

¿Puede usted confiar en la Biblia? Si realmente examina lo que ella dice, y no se limita a aceptar lo que ciertas personas afirman que ella dice, usted hallará razón para confiar en ella. Sin embargo, existe prueba más fuerte aún de que la Biblia realmente ha sido inspirada por Dios, EN SIGUIENTES ARTICULOS VEREMOS COMO VINO A EXISTIR LA BIBLIA Y EL BENEFICIO QUE PODEMOS SACAR DE SU INFORMACION

 

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