La comunicación dentro de la familia... ¿cómo se puede mejorar?

Publicado en por LA BIBLIA

La comunicación dentro de la familia... ¿cómo se puede mejorar?
‘MI ESPOSO nunca habla.’ ‘Mi esposa nunca escucha lo que quiero decir.’ Estas quejas son comunes entre las parejas casadas. Los adolescentes a menudo se sienten como Max, de 12 años de edad: “No tengo miedo de hablar [con mis padres], pero tengo miedo de cómo pudieran reaccionar”. Así, barreras de silencio separan a los miembros de la familia.
Algunas personas tal vez sostengan que en muchos casos el esposo y la esposa sencillamente no hacen una buena pareja; que son irremediablemente incompatibles y, en primer lugar, ¡nunca debieron haberse casado! Sin duda, muchas parejas sí toman a la ligera el cortejo y no establecen antes del matrimonio un fundamento sólido para la comunicación. (Véase el recuadro de la página 9.) Sin embargo, el éxito del matrimonio no depende únicamente de la llamada compatibilidad. Es mucho más crucial el hecho de que la pareja esté dispuesta o no a aceptar las normas de Dios respecto al matrimonio y a aplicar los principios de la Biblia. Considere solo algunas de las cosas que la Biblia dice sobre el papel y las responsabilidades del esposo y la esposa respectivamente:
● “Que las esposas estén en sujeción a sus esposos como al Señor”. (Efesios 5:22, 23.)
● “Esposos, continúen amando a sus esposas, así como el Cristo también amó a la congregación y se entregó a sí mismo por ella [...] Los esposos deben estar amando a sus esposas como a sus propios cuerpos”. (Efesios 5:25, 28.)
● “No estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Dios”. (Efesios 6:4.)
Cuando estos principios se ponen en práctica, se sienta una base sólida para la comunicación matrimonial. ¿Por qué? Porque el esposo que considera que el ‘amar a su esposa’ es una responsabilidad que Dios le ha dado estará más dispuesto a hablar con ella y escucharla. La esposa que cree que la obediencia a su esposo es un requisito divino se sentirá movida a obrar de manera parecida. Pero ¿cómo puede uno encargarse de las presiones y tensiones que se desarrollan en el matrimonio? ¿Puede el consejo de la Biblia realmente ayudarle a afrontarlas?
Cuando surgen problemas
El matrimonio es la más íntima de las relaciones humanas. Con el tiempo la pareja puede disfrutar de una relación tan estrecha que solo un roce, una mirada o un gesto da a entender muchísimo. No obstante, pocas parejas alcanzan este estado dichoso.
Una esposa joven recuerda: “Pasamos un tiempo muy malo en sentido financiero después de casarnos. Vivíamos de semana en semana y de día en día. Yo no estaba acostumbrada a tal inseguridad”.
Sin embargo, esta pareja joven relajó las tensiones de su matrimonio aplicando las Sagradas Escrituras. El esposo reconoce: “Supongo que sencillamente yo no estaba consciente en absoluto de los sentimientos de ella. Creía que todo estaba muy bien. Pero no me daba cuenta de que ella tenía los nervios destrozados”. ¿Qué hicieron en cuanto a esta brecha en la comunicación? La esposa recuerda: “Teníamos largas conversaciones. A veces se nos hacía difícil conversar, pero el hacerlo siempre ayudaba”.
Cierto esposo llamado Richard dijo: “Se me hizo difícil amoldarme a la rutina del matrimonio. Ambos trabajábamos de jornada completa y mi esposa quería que le ayudara con los quehaceres domésticos. Pero yo tenía la idea de que mi esposa debía hacerlo todo. Además, después de un día de trabajo no tenía ganas de hacer nada más que descansar y ver partidos deportivos. De modo que si de repente oía: ‘¿Puedes llevar la ropa a la tintorería?’, yo decía: ‘¡Hazlo tú!’”.
Sin embargo, Richard y su esposa comenzaron a estudiar la Biblia  Al aprender que Dios requería que él ‘amara a su esposa como a su propio cuerpo’, el esposo se sintió movido a encargarse de una parte de las responsabilidades domésticas. Hasta las presiones del trabajo se veían diferentes a la luz de la Palabra de Dios. Él recuerda: “Una vez que tuve un motivo para vivir y entendí los propósitos de Dios, pude librarme del modo de pensar negativo que se me había pegado en el trabajo”.
No obstante, la Biblia señala a otra posible fuente de problemas: “Porque todos tropezamos muchas veces. Si alguno no tropieza en palabra, éste es varón perfecto, capaz de refrenar también el cuerpo entero” (Santiago 3:2). Sí, todos somos culpables de vez en cuando de hacer un comentario falto de tacto o hasta poco amable. Y cuando dos personalidades imperfectas se irritan mutuamente, el genio puede encenderse.
Pero ¿qué sucede si la pareja permite que esos problemas dominen en su matrimonio? La Biblia dice: “Un hermano contra quien se ha transgredido es más que un pueblo fuerte; y hay contiendas que son como la barra de una torre de habitación” (Proverbios 18:19). La comunicación puede interrumpirse, lo cual tal vez cause consecuencias graves tanto para la pareja como para sus hijos. En realidad, los expertos dicen que la “discordia constante entre los padres” es una de las influencias más destructivas para el niño.
En cambio, el aplicar el consejo de la Biblia puede aminorar esos conflictos. Se manda a los esposos que “no se encolericen amargamente con” sus esposas (Colosenses 3:19). Y se requieren dos personas para reñir. Si su cónyuge se disgusta y enoja, ¿por qué no trata usted de permanecer en calma y mostrar discreción? Consienta y despliegue comprensión si es posible. Como dice la Biblia: “Una respuesta, cuando es apacible, aparta la furia” (Proverbios 15:1). Las respuestas ásperas solamente agravan la situación. Es mejor preguntar bondadosamente: “¿Te he incomodado? ¿Qué te pasa, cariño?”. El averiguar así la causa del problema, con amor y tacto, frecuentemente ayuda a resolverlo. Por otra parte, pudiera ser cuestión de decir a su cónyuge francamente, pero con amabilidad, que usted se ha irritado o enfadado por sus acciones. La Biblia dice: “Que no se ponga el sol estando ustedes en estado provocado. Mas háganse bondadosos los unos con los otros, tiernamente compasivos, libremente perdonándose unos a otros”. (Efesios 4:26, 32.)
Un esposo joven aprendió a aplicar este consejo. Dice: “Mi esposa es muy emotiva. Así que a veces a ella se le hace difícil tomar parte en una consideración tranquila sin realmente inquietarse. Pero yo he tratado de amoldarme a la personalidad de ella y ser más sensible a sus sentimientos”. ¡Tal esfuerzo concienzudo no solo contribuye a mantener la paz, sino que hace que usted se gane el cariño de su cónyuge!
Comunicación con los hijos
La llegada del primer hijo de una pareja joven presenta un verdadero desafío para ellos. Después de todo, el infante recién nacido necesita más que simplemente las comidas regulares y los cambios de pañal. Los investigadores dicen que los infantes tienen una gran necesidad de comunicarse. Es cierto que el bebé no sabe hablar. Pero los ojos, el tacto, y el contacto corporal de los padres contribuyen en gran medida a establecer las líneas de comunicación. Ésta es una razón por la cual en muchos hospitales ya no se separa a las madres y a sus infantes recién nacidos. Y, dicen los investigadores suecos Winberg y de Château: “Aunque el contacto estrecho [entre madre e infante] durante este período puede influir directamente en el desarrollo del bebé, quizás sea hasta más importante para la madre, pues fortalece su vínculo con el recién nacido [...] Este contacto parece influir en las actitudes y la sensibilidad de ella para con las necesidades del infante”.
¿Qué más pueden hacer los padres para dar un buen comienzo a la comunicación con sus hijos? La Biblia indica que los padres deben hablar a sus hijos “desde la infancia” (2 Timoteo 3:15). ¿Es esto realista? Los investigadores Winberg y de Château afirman que el cantar y hablar al infante puede ser “importante para satisfacer [sus] necesidades sicológicas”. M. I. Lisina, quien realiza investigaciones en la Unión Soviética, cita igualmente un experimento en que a los bebés se les habló con cariño, se les sonrió y se les acarició. ¿Cuál fue el resultado? Después de dos meses, estos bebés alcanzaron “un nivel de desarrollo significativamente más alto” que otros niños que no recibieron tal atención. Dicha comunicación amorosa rinde al niño beneficios emocionales, y como comenta luego Lisina: “Creemos que la interacción con otras personas es críticamente importante en el génesis de las funciones orales [del bebé]”.
El estudio y el entretenimiento
Naturalmente, a medida que los niños van creciendo, los problemas relacionados con su crianza se hacen más complejos. Por eso muchas familias cristianas han descubierto que es útil establecer un programa de actividades espirituales. Esto puede fomentar mucho la comunicación y la unidad. Tal programa puede ser variado, flexible, y agradable para todos.
Hay que reconocer que el establecer un programa como ése quizás requiera que todos hagan algunos ajustes. Por ejemplo, en algunas partes de África, el padre tradicionalmente come en solemne soledad. Pero al llegar a ser cristiano, ve que tiene que presidir su familia durante las horas de las comidas. ¿Cuáles son las ventajas? En el desayuno se puede considerar un texto o tema bíblico, lo cual infunde un buen estado de ánimo para el día. La cena puede ser un momento tranquilo durante el cual todos relaten los sucesos del día y haya “un intercambio de estímulo” (Romanos 1:12). Los padres pueden animar a sus hijos adolescentes a que se expresen.
Es imprescindible apartar tiempo para el estudio serio, como las tareas escolares y la consideración de la Biblia. Pero no olvidemos que el entretenimiento es necesario. La televisión, las películas cinematográficas, y la música grabada son populares entre los jóvenes, pero estos medios de comunicación sumamente eficientes se están pareciendo cada vez más a cloacas... están llenos de inmundicia. De acuerdo con un estudio del Instituto Nacional de Salud Mental (E.U.A), “la evidencia acumulada durante los años setenta parece probar de modo contundente que la violencia televisada y la agresión tienen verdadera correlación en los niños”. Los padres, por lo tanto, tienen que ejercer control estricto del entretenimiento de sus hijos. (Véase Efesios 5:3-5.) Las comidas campestres y otras actividades al aire libre, así como las reuniones sociales de cristianos, son algunos medios de proveer a los jóvenes entretenimiento sano.
Hablen con los adolescentes
Algunos padres encuentran que ya no pueden comunicarse con sus hijos cuando éstos llegan a la adolescencia. Durante esos años el joven no solo experimenta rápidos cambios físicos, sino también un ataque violento de nuevas emociones y nuevos deseos. Algunos jóvenes responden a esto ensimismándose. Otros se apartan de sus padres y llegan a estar apegados fuertemente a sus iguales. Por consiguiente, los padres tienen que estar bien resueltos a mantener abiertas las líneas de comunicación durante estos años críticos. Tienen que ser sensibles en cuanto al temperamento y los sentimientos de sus hijos adolescentes.
Las conversaciones personales pueden ser muy útiles... especialmente cuando se mantienen informales. “Tienes que inculcarlas [las palabras de Dios] en tu hijo y hablar de ellas cuando te sientes en tu casa y cuando andes por el camino y cuando te acuestes y cuando te levantes”, dice a los padres la Biblia (Deuteronomio 6:7). Por tanto, al notar el padre que su hijo está más callado que de costumbre, pudiera pedirle que trabajara con él en el jardín o en algún proyecto de reparación. La madre pudiera, de igual manera, enseñar a su hija a coser. Tales ocasiones sosegadas llevan con frecuencia a que realmente se compartan sentimientos. Incluso temas íntimos, como el de las relaciones sexuales, los cambios corporales, la moral, la fe, y las metas en la vida, a menudo se pueden sacar a colación en tales ocasiones. “Tuve algunas de las mejores consideraciones con mis hijos ante el fregadero de la cocina”, recuerda cierta madre.
Sin embargo, esté dispuesto a oír a veces acerca de problemas. Puede que se trate de una lucha con la masturbación o hasta una admisión de falta de fe. En vez de regañar, escuche con calma y muestre comprensión. De otro modo, la preciada línea de comunicación pudiera interrumpirse. “Sepan esto, mis amados hermanos. Todo hombre tiene que ser presto en cuanto a oír, lento en cuanto a hablar, lento en cuanto a ira”, dice la Biblia (Santiago 1:19). Aunque él haya cometido un pecado, usted no quiere condenar a su hijo sumariamente. Usted quiere rechazar el pecado... no a su hijo. (Compárese con Judas 23.) Primero demuestre ser “presto en cuanto a oír”, y luego ofrezca ayuda y consejo a su hijo. A veces pudiera hasta tranquilizarlo al decirle: ‘No eres la única persona que ha tenido un problema de esa índole. Hasta yo tuve que hacer frente a lo mismo cuando tenía la misma edad que tienes tú’. El que usted responda con calma puede resultar en que su hijo confíe en usted cuando tenga que buscar ayuda de nuevo.
No obstante, es importante que usted se haga disponible a sus hijos. Cierto padre tenía un trabajo de mucha responsabilidad y, como resultado, pasaba mucho tiempo en su despacho en casa, leyendo con atención sus papeles. Su hija, sin embargo, tenía lo que a ella le parecía un problema grave. Pero como su padre estaba tan ocupado, ella se lo guardó. Pronto ella se sintió deprimida y se fue del hogar. Felizmente, regresó, tuvo una buena conversación con su padre y se dio cuenta de que el problema era solamente de poca importancia. No obstante, desde entonces el padre hizo arreglos para hacer su trabajo en la sala de estar, donde estaba más disponible a sus hijos.
El que usted simplemente esté presente significa más para sus hijos que las riquezas materiales. Una madre sin esposo, llamada Anita, tenía que mantener a cinco hijos, quienes tenían entre uno y seis años de edad respectivamente. Aunque la agencia de bienestar infantil le concedía solo una mesada escasa, a ella no le dolía tener que vivir de tan poco. Esta provisión gubernamental le permitía estar en casa con sus hijos. Y aunque el dinero a veces era muy escaso, ella recuerda: “Nunca nos quedamos con hambre. Aprendimos a confiar en Jehová”. Con la ayuda de algunas amistades cristianas que les proporcionaban ropa, ella pudo proveer materialmente para sus hijos y darles la atención que necesitaban.
Familias felices y unidas
Los padres amorosos y comunicativos que despliegan empatía pueden hacer maravillas para sus hijos. Audrey Bilski, especialista en pedagogía, escribió: “‘Puedo hablar con ellos sobre cualquier tema’ es quizás uno de los mejores cumplidos que un adolescente o un hijo o hija mayor pueda hacer a sus padres”. De igual manera, las esposas y los esposos aprecian el poder abordar a su cónyuge con confianza para considerar incluso los asuntos más delicados, y saber que éste escuchará con comprensión y compasión.
Es cierto que en el mundo complejo de hoy día hay muchas presiones que obran contra la comunicación dentro de la familia. Y a veces los padres mismos necesitan guía. Pero no hay razón para que usted crea que carece de ayuda. Otros padres experimentados, especialmente cristianos maduros, muchas veces pueden ayudarle. Y puede contar con la Palabra de Dios, la Biblia, que es “viva y ejerce poder” (Hebreos 4:12). El libro Cómo lograr felicidad en su vida familiar, publicado por los publicadores de esta revista, ha ayudado a millares de personas a mejorar su vida familiar.
Este artículo ha presentado meramente unos ejemplos del consejo práctico de la Biblia. Aparte tiempo para estudiarlo y aplicarlo con regularidad. Si hace esto, usted puede lograr que su familia sea feliz y esté unida.

LA COMUNICACIÓN durante EL CORTEJO
  “UNO hace dos grandes selecciones en la vida —escribió el profesor Ernest Burgess—, la selección de una profesión u oficio; la otra, la selección de un cónyuge.” La mayoría de las personas son bastante racionales en lo que tiene que ver con escoger el trabajo de su vida. “No obstante, cuando uno se casa —continuó diciendo el profesor—, es probable que se comporte de manera romántica más bien que de manera práctica.”
  Por eso, el cortejo es un tiempo de comunicación seria. Es cierto que aun antes de que un hombre y una mujer realmente se conozcan puede haber comunicación poderosa entre ellos. Puede que él la contemple con admiración, y ella quizás le eche una mirada elogiosa. Un viejo dicho declara: “El ojo es el espejo del alma”. Nuestros ojos pueden expresar profundas emociones y mensajes del corazón. Con el tiempo las expresiones verbales de cariño tal vez cedan el paso a otro medio de comunicación... el tacto. En muchas culturas, el cogerse de la mano o abrazarse se consideran expresiones apropiadas de amor.
  Pero aunque los despliegues de afecto tienen su lugar, el matrimonio sólido no se basa en la pasión. El que usted sienta que le toca una persona a quien ama puede despertar en usted fuertes sentimientos y deseos sexuales. La Biblia insta a los cristianos a que “amortigüen” los impulsos inmorales (Colosenses 3:5). Esto no es solamente una protección moral, sino también un buen consejo práctico. Pues cuando los deseos sexuales se “encienden” de modo incontrolable, la comunicación seria a menudo se “apaga”. Las parejas pueden cegarse a defectos y debilidades de personalidad obvios.
  Las conversaciones francas y sinceras durante el cortejo proporcionan la respuesta a preguntas como: ¿Realmente hacemos una buena pareja? ¿Es él, o ella, una persona honrada y bondadosa? ¿Tiene buenos principios morales? ¿Es él capaz de ser un buen proveedor? ¿Toma él buenas decisiones? ¿Será ella capaz de cuidar de un hogar? ¿Está ella dispuesta a someterse a la jefatura? ¿Nos tenemos verdadero amor uno al otro... y no se trata solo de atracción física?
  ¿Qué hay si uno de los dos es tímido? Recuerde que un requisito básico para la buena conversación es ser sensible a los sentimientos e intereses de otros. Esto no debe ser difícil para dos personas que realmente se aman mutuamente (1 Corintios 13:5). Aprenda a hacer preguntas sencillas, pero apropiadas. A la mayoría de las personas les gusta hablar de sí mismas, su vida, su familia y sus ocupaciones, y lo hacen de buena gana si, con tacto, se les anima a hablar.
  Esas conversaciones durante el cortejo pudieran revelar que la pareja tiene muchos intereses, metas y esperanzas en común. Sin embargo, ¿qué hay si revelan diferencias? Trate de discernir hasta qué grado dichas diferencias pondrían en peligro la felicidad marital. El hecho de que al posible cónyuge no le guste cierta clase de entretenimiento, como el bailar, no significa que la persona no será un buen esposo o una buena esposa. Quizás haya otras cosas más importantes que la pareja tenga en común. O exista la posibilidad de cultivar nuevos intereses en común. De todas formas, el profesor Ernest Burgess declaró más adelante: “Las parejas deben considerar y tratar de decidir las cuestiones importantes de su relación, como lo relativo a hijos, parientes políticos, finanzas, religión, y filosofía de vida, antes del día de la boda. Por lo general es una esperanza vana contar con reformar al cónyuge después de la ceremonia nupcial”.

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