¿Hay un rebelde en casa?

Publicado en por LA BIBLIA

UNOS días antes de su muerte, Jesús formuló a un grupo de guías religiosos judíos una pregunta que invitaba a la reflexión. Dijo: “¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos.Dirigiéndose al primero, dijo: ‘Hijo, ve, trabaja hoy en la viña’. En respuesta, este dijo: ‘Iré, señor’, pero no fue. Acercándose al segundo, dijo lo mismo. En respuesta, este dijo: “No quiero”. Después le pesó, y fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?’. Los guías religiosos dijeron: ‘El segundo’”. (Mateo 21:28-31.)

Con estas palabras Jesús puso de manifiesto la infidelidad de los guías judíos. Eran como el primer hijo, que prometió hacer la voluntad de Dios y luego no cumplió su promesa. Pero además, muchos padres reconocerán que esta parábola de Jesús reflejaba una buena comprensión de la vida familiar. Como tan bien lo ilustró Jesús, suele ser difícil saber qué piensan los jóvenes o prever su actuación. Es posible que un joven problemático durante la adolescencia se convierta en un adulto responsable y respetado. Este hecho debe tenerse presente al analizar la problemática de la rebelión en la adolescencia.

¿QUÉ ES UN REBELDE?

De vez en cuando oímos de adolescentes que se rebelan abiertamente contra sus padres. Es posible incluso que conozcamos a alguna familia con un hijo adolescente que parece ingobernable. Sin embargo, no siempre es fácil determinar si un hijo es en realidad rebelde. Además, es difícil entender por qué algunos hijos se rebelan y otros, quizá de la misma familia, no. Si los padres sospechan que uno de sus hijos se está convirtiendo en un rebelde incorregible, ¿qué deben hacer? Para contestar esta pregunta, primero hay que definir qué es un rebelde.

 Puede decirse que rebelde es la persona que voluntaria y sistemáticamente desobedece, resiste y desafía a una autoridad superior. Como ‘la tontedad está atada al corazón del muchacho’... (Proverbios 22:15), es de esperar que todos los hijos se opongan a la autoridad paterna y a otras autoridades en una u otra ocasión, particularmente durante la etapa de desarrollo físico y emocional conocida como la adolescencia. Todo cambio en la vida genera tensión, y la adolescencia es el período de cambios más profundos. El hijo adolescente está pasando de la niñez a la edad adulta. Por ello, a algunos padres e hijos les resulta difícil entenderse durante esta etapa. Por lo general, los padres quieren retardar la transición, mientras que los hijos desean acelerarla.

El adolescente rebelde rechaza los valores de sus padres; pero no debe confundirse la desobediencia ocasional con la rebeldía. Y en lo que respecta a la espiritualidad, es posible que algunos hijos muestren poco interés o ninguno en la verdad bíblica, aunque eso no supone necesariamente rebeldía. Los padres no deben apresurarse a catalogar de rebeldes a sus hijos.

¿Se caracteriza la adolescencia de todos los jóvenes por la rebelión contra la autoridad paterna? No, de ningún modo. La realidad es que solo una minoría de los adolescentes incurre en una verdadera rebelión. Ahora bien, ¿qué puede decirse del hijo que se rebela obstinada y sistemáticamente? ¿Qué puede provocar tal rebelión?

CAUSAS DE LA REBELIÓN

Una de las causas principales de la rebelión es el ambiente del mundo satánico. “El mundo entero yace en el poder del inicuo.” (1 Juan 5:19.) El mundo controlado por Satanás ha promovido una cultura perjudicial, contra la que deben luchar los cristianos. (Juan 17:15.) Buena parte de esa cultura es hoy más vulgar, más peligrosa y está repleta de más influencias negativas que en el pasado. (2 Timoteo 3:1-5, 13.) Si los padres no educan, advierten y protegen a sus hijos, es fácil que los jóvenes se dejen influir por “el espíritu que ahora opera en los hijos de la desobediencia”. (Efesios 2:2.) Y aquí entra la presión de las malas compañías. La Biblia dice: “Al que está teniendo tratos con los estúpidos le irá mal”. (Proverbios 13:20.) De igual manera, el que busca la compañía de quienes están imbuidos del espíritu de este mundo probablemente también reciba esa influencia. Los jóvenes necesitan que se les ayude con constancia a entender que la obediencia a los principios piadosos es el fundamento del mejor modo de vivir. (Isaías 48:17, 18.)

Otra causa de la rebelión pudiera ser el ambiente familiar. Si uno de los padres es alcohólico o drogadicto, o maltrata físicamente a su cónyuge, es posible que el adolescente adquiera un concepto distorsionado de la vida. Aun en hogares relativamente tranquilos puede estallar la rebelión si el hijo cree que los padres no se interesan suficiente por él. Sin embargo, la rebelión del adolescente no siempre obedece a causas externas. Algunos hijos rechazan los valores paternos a pesar de que sus padres se rigen por principios piadosos y los protegen en buena medida del mundo que los rodea. ¿Por qué? Quizá debido a otra raíz de nuestros problemas: la imperfección humana. Pablo dijo: “Por medio de un solo hombre [Adán] el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado”. (Romanos 5:12.) Adán fue un rebelde egoísta, y legó a todos sus descendientes una desdichada herencia. Algunos jóvenes optan sencillamente por rebelarse, del mismo modo que lo hizo su antepasado.

ELÍ FUE PERMISIVO, Y REHOBOAM, RESTRICTIVO

Otro factor que ha contribuido a la rebelión del adolescente ha sido el criterio desequilibrado de ciertos padres sobre la crianza de los hijos. (Colosenses 3:21.) Algunos creen que deben ser muy restrictivos y disciplinar con dureza a sus hijos. Otros son permisivos y no suministran directrices que protejan al adolescente sin experiencia. No siempre es fácil encontrar el punto medio entre esos extremos. Además, no todos los hijos tienen las mismas necesidades. Es posible que algunos precisen más supervisión que otros. Dos ejemplos bíblicos nos ayudarán a ver el peligro que entrañan ambos extremos: ser demasiado permisivos o demasiado restrictivos.

Elí fue un sumo sacerdote del antiguo pueblo de Israel que tenía hijos. Desempeñó sus funciones durante cuarenta años, y sin duda estaba bien versado en la Ley de Dios. Debió cumplir con sus deberes sacerdotales cotidianos fielmente, y también debió esmerarse en educar a sus hijos Ofní y Finehás en la Ley divina. Sin embargo, fue demasiado permisivo con ellos. Ofní y Finehás oficiaban como sacerdotes, pero eran “hombres que no servían para nada”, interesados solo en satisfacer sus apetitos y deseos inmorales. Cuando cometieron actos vergonzosos en suelo sagrado, Elí no tuvo el valor de destituirlos. Se limitó a darles una débil reprensión. Con su permisividad, honró a sus hijos más que a Dios. En consecuencia, estos se rebelaron contra la adoración limpia de Jehová y toda la casa de Elí tuvo un fin calamitoso. (1 Samuel 2:12-17, 22-25, 29; 3:13, 14; 4:11-22.)

Los hijos de Elí ya eran adultos cuando ocurrieron estos hechos. De todos modos, el relato subraya el peligro de no disciplinar a los hijos. (Compárese con Proverbios 29:21.) Parece que algunos padres confunden amor con permisividad, por lo que no fijan reglas claras, coherentes y razonables para sus hijos. Descuidan disciplinarlos amorosamente, incluso cuando violan los principios piadosos. Esta permisividad puede llevar a los hijos a repudiar la autoridad paterna y de cualquier otro tipo. (Compárese con Eclesiastés 8:11.)

Rehoboam ejemplifica el otro extremo en el ejercicio de la autoridad. Fue el último rey del reino unido de Israel, pero no fue un rey justo. Rehoboam había heredado un país con un pueblo descontento por las cargas que le había impuesto su padre, Salomón. ¿Fue comprensivo Rehoboam? No. Cuando una delegación le pidió que eliminara algunas de las medidas opresivas, no siguió el consejo maduro de sus asesores de mayor edad y ordenó que se hiciera aún más pesado el yugo del pueblo. Su arrogancia provocó la rebelión de las diez tribus septentrionales, y el reino se dividió en dos. (1 Reyes 12:1-21; 2 Crónicas 10:19.)

Los padres pueden aprender algunas lecciones importantes del relato bíblico de Rehoboam. Tienen que “hallar a Jehová” en oración y examinar cómo están educando a sus hijos a la luz de los principios bíblicos. (Salmo 105:4.) “La mera opresión puede hacer que un sabio se porte como loco”, dice Eclesiastés 7:7. Las directrices bien pensadas dan al adolescente margen para el crecimiento a la vez que le sirven de protección. Pero los jóvenes no deberían vivir en un ambiente tan rígido y restrictivo que no pudieran alcanzar un grado razonable de independencia y confianza en sí mismos. Cuando los padres se esfuerzan por conseguir el equilibrio entre la libertad razonable y los límites firmes bien definidos, la mayoría de los adolescentes se sienten menos inclinados a rebelarse.

SATISFACER CIERTAS NECESIDADES BÁSICAS PUEDE EVITAR LA REBELIÓN

 Aunque a los padres les gusta ver a sus hijos crecer y llegar a la edad adulta, puede ser que les preocupe que el hijo adolescente deje de depender de ellos, es decir, que empiece a independizarse. Durante esa transición, no deben sorprenderse si el adolescente demuestra en ocasiones cierta terquedad o falta de cooperación. Recordemos que la meta de los padres creyentes debe ser criar a cristianos maduros, estables y responsables. (Compárese con 1 Corintios 13:11; Efesios 4:13, 14.)

 Por difícil que resulte, los padres deben aprender a no negar sistemáticamente a sus hijos adolescentes la mayor independencia que reclaman. Los hijos necesitan formar su identidad personal. De hecho, algunos adolescentes adquieren una actitud bastante madura ante la vida siendo relativamente jóvenes. Por ejemplo, la Biblia dice del joven rey Josías: “Siendo todavía muchacho [como de unos 15 años], comenzó a buscar al Dios de David”. Este notable adolescente fue sin lugar a dudas una persona responsable. (2 Crónicas 34:1-3.)

Sin embargo, la libertad conlleva responsabilidad. Por ello, debe permitirse que el adulto en ciernes experimente las consecuencias de algunas de sus decisiones y acciones. El principio: “Cualquier cosa que el hombre esté sembrando, esto también segará”, es aplicable tanto a los adolescentes como a los adultos. (Gálatas 6:7.) No se puede resguardar a los hijos indefinidamente. ¿Y si el hijo quiere hacer algo que es del todo inaceptable? El padre responsable dirá “no”. Y aunque puede explicar las razones, nada debe hacer cambiar su “no” por un “sí”. (Compárese con Mateo 5:37.) Ahora bien, debe intentar decir “no” de manera calmada y razonable, pues “la respuesta, cuando es apacible, aparta la furia”. (Proverbios 15:1.)

 Los jóvenes necesitan la seguridad de la disciplina consecuente, aunque no siempre acepten de buena gana las restricciones y las reglas. Les frustra que estas se cambien constantemente, en función del estado de ánimo del padre en un determinado momento. Además, si los adolescentes reciben el aliento y la ayuda necesarios para superar el retraimiento, la timidez o la falta de confianza en sí mismos, probablemente lleguen a ser adultos más estables. Los adolescentes también agradecen que se confíe en ellos cuando lo merecen. (Compárese con Isaías 35:3, 4; Lucas 16:10; 19:17.)

 A los padres les puede confortar saber que los hijos normalmente crecen sin problemas cuando existe paz, estabilidad y amor en el hogar. (Efesios 4:31, 32; Santiago 3:17, 18.) Es más, muchos jóvenes procedentes de familias marcadas por el alcoholismo, la violencia u otras influencias perjudiciales, han superado el mal ambiente familiar y se han convertido en adultos de provecho. Por lo tanto, si proporcionamos al adolescente un hogar donde pueda sentirse seguro, sabiendo que recibirá amor, afecto y atención —aunque tal apoyo venga acompañado de restricciones razonables y disciplina acorde con los principios bíblicos—, muy probablemente se convertirá en un adulto del que podremos sentirnos orgullosos. (Compárese con Proverbios 27:11.)

CUANDO LOS HIJOS SE METEN EN DIFICULTADES

 La buena educación ciertamente beneficia a los hijos. Proverbios 22:6 dice: “Entrena al muchacho conforme al camino para él; aun cuando se haga viejo no se desviará de él”. Pero, ¿qué puede decirse de los hijos que se meten en serios problemas a pesar de tener buenos padres? ¿Es eso posible? Sí. Las palabras del proverbio deben entenderse a la luz de otros versículos que recalcan la responsabilidad del hijo de “escuchar” y obedecer a sus padres. (Proverbios 1:8.) Tanto los padres como los hijos deben aplicar los principios bíblicos para que haya armonía en la familia. Si los padres y los hijos no cooperan, surgirán dificultades.

 ¿Cómo deben reaccionar los padres cuando un adolescente yerra y se mete en problemas? En ese momento en particular el joven necesita ayuda. Si los padres recuerdan que están tratando con un joven inexperto, les será más fácil resistir la tendencia a reaccionar de forma exagerada. Pablo aconsejó a los miembros maduros de la congregación: “Aunque un hombre dé algún paso en falso antes que se dé cuenta de ello, ustedes los que tienen las debidas cualidades espirituales traten de reajustar a tal hombre con espíritu de apacibilidad”. (Gálatas 6:1.) Los padres pueden seguir este mismo procedimiento al tratar con el joven que comete un error irreflexivamente. Deben explicarle con claridad por qué fue impropia su conducta y qué hacer para no incurrir de nuevo en el mismo error. Por otra parte, deben aclararle que lo condenable es la mala conducta, no él. (Compárese con Judas 22, 23.)

 ¿Qué debe hacerse si la falta del joven es muy grave? En tal caso, este necesita ayuda especial y buena dirección.  (Santiago 5:14-16.) . En la familia, la responsabilidad de ayudar al adolescente que yerra recae sobre los padres, aunque es posible que deban analizar el problema . Los padres no deben ocultar su preocupacion

 A los padres les resulta muy duro tratar un problema serio que implique a sus hijos. Es posible que la angustia emocional provoque en ellos una respuesta airada y amenazante, pero esa reacción solo logrará amargar al hijo que ha errado. Tengamos presente que el futuro del joven va a depender de cómo lo tratemos en esos momentos críticos. Recordemos, también, que Jehová estuvo dispuesto a perdonar a su pueblo cuando se desvió de lo que era recto, a condición de que se arrepintiera. Estas fueron sus amorosas palabras: “‘Vengan, pues, y enderecemos los asuntos entre nosotros —dice Jehová—. Aunque los pecados de ustedes resulten ser como escarlata, se les hará blancos justamente como la nieve; aunque sean rojos como tela de carmesí, llegarán a ser aun como la lana’”. (Isaías 1:18.) Este es un gran ejemplo para los padres.

 De modo que debemos animar al joven desobediente a cambiar de proceder. Podemos pedir consejo sano a los padres que tienen experiencia . (Proverbios 11:14.) No debemos actuar impulsivamente ni decir o hacer nada que dificulte el que el hijo regrese a nosotros. Hemos de evitar la ira y la amargura incontroladas. (Colosenses 3:8.) No nos demos por vencidos enseguida, busquemos los medios necesarios para ayudar

 

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