Texto Libre

Tuesday 10 november 2 10 /11 /Nov 02:03
AVIDEZ
Ansia y deseo vehemente. Tanto el verbo hebreo ja·mádh como el griego e·pi·thy·mé·ō significan “desear”. (Sl 68:16; Mt 13:17.) A veces, según el contexto, estas palabras pueden transmitir la idea de un deseo malo, egoísta. (Éx 20:17; Ro 7:7.) El vocablo griego ple·o·ne·xí·a significa literalmente “deseo de tener más”, y en la Biblia se utiliza para denotar “avidez” y “codicia”. (Ef 4:19; 5:3,  Col 3:5.)
La avidez se manifiesta en el amor al dinero, el deseo de poder o ganancia, la voracidad por el alimento y la bebida, el sexo u otras cosas materiales. Las Escrituras ponen en guardia a los cristianos contra este rasgo degradante, y ordenan no asociarse con nadie que llamándose “hermano” cristiano, estuviese dominado por la avidez. (1Co 5:9-11.) Tales personas están clasificadas junto con los fornicadores, idólatras, adúlteros, hombres que se tienen para propósitos contranaturales, ladrones, borrachos, injuriadores y los que practican extorsión. De hecho, las personas a las que domina la avidez por lo general practican algunas de estas cosas. Si un individuo no se vuelve de su avidez, no heredará el reino de Dios. (1Co 6:9, 10.)
Al condenar el habla necia y el bromear obsceno, el apóstol Pablo manda que la fornicación y la inmundicia o la avidez “ni siquiera se mencionen entre ustedes”. De modo que tales prácticas no solo no deberían darse entre los cristianos, sino que ni siquiera deberían hacerse tema de conversación con el fin de gratificar la carne. (Ef 5:3; compárese con Flp 4:8.)
Se manifiesta por acciones. La avidez se manifiesta por algún acto abierto que revela el deseo malo y desmesurado de la persona. El escritor bíblico Santiago nos dice que el deseo incorrecto, cuando se hace fecundo, da a luz el pecado. (Snt 1:14, 15.) Por lo tanto, a la persona ávida se la detecta por sus acciones. El apóstol Pablo dice que la avidez equivale a idolatría. (Ef 5:5.) La persona ávida hace su dios de aquello que desea, y lo coloca por encima del servicio y la adoración al Creador. (Ro 1:24, 25.)
Alejados de Dios. Los cristianos han salido de un mundo lleno de todo tipo de conducta mala. Pablo hace notar que tales cosas no solo se llevan a cabo, sino que la gente va tras ellas con avidez. Las personas que las practican están “alejadas de la vida que pertenece a Dios”. Los que se hacen cristianos descubren que Cristo, su Ejemplo, estaba libre de este tipo de conducta y, por consiguiente, tienen que rehacer su mente y vestirse de la nueva personalidad. (Ef 4:17-24; Ro 12:2.) Además, viven entre personas del mundo a las que domina la avidez y deben esforzarse por mantener su limpieza como iluminadores en el mundo. (1Co 5:9, 10; Flp 2:14, 15.)
La avidez de ganancia falta de honradez impediría que un hombre TUVIERA PUESTO DE RESPONSABILIDAD EN LA COMUNIDAD CRISTIANA  (1Ti 3:8.) Como tales hombres tienen que estar como ejemplos ante la IGLESIA, se desprende que el principio debe aplicar a toda la congregación. (1Pe 5:2, 3.) El apóstol Pablo dijo en otra ocasión que las personas dominadas por la avidez no heredarían el Reino. (Ef 5:5.)
Codicia. Cuando el objeto de la avidez es lo que pertenece a otro, esta se convierte en codicia. En las Escrituras Griegas Cristianas se utilizan las mismas palabras griegas para “avidez” y “codicia”. Jesucristo enseñó que la codicia contamina al hombre (Mr 7:20-23) y que debe evitarse. Reforzó esta enseñanza con la ilustración de un hombre rico y codicioso que al morir ya no tuvo más beneficio ni control de su riqueza y, además, se encontró en la lamentable situación de no ser “rico para con Dios”. (Lu 12:15-21.) A los cristianos se les dice que su vida está “escondida con el Cristo” y que por lo tanto deben amortiguar los miembros de su cuerpo en lo que toca a codicia, deseo perjudicial y toda clase de inmundicia. (Co
l 3:3, 5.)
Por LA BIBLIA
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LA MALA AMIGA DE LA BIBLIA

                                          El fracaso de la religión

Otra razón por la cual se acepta la evolución es el fracaso de la religión convencional tanto en cuanto a lo que enseña como en cuanto a lo que hace, así como el hecho de que no representa debidamente el relato bíblico de la creación. Las personas informadas están bien al tanto del registro religioso de hipocresía, opresión e inquisiciones. Han observado que el clero ha dado apoyo a dictadores asesinos. Saben que personas de la misma religión se han matado unas a otras por millones en las guerras, mientras el clero ha apoyado a cada lado de la contienda. Por eso, no hallan razón para tomar en consideración al Dios a quien estas religiones supuestamente representan. Además, las doctrinas absurdas y antibíblicas contribuyen a este alejamiento. Ideas como las del tormento eterno —que Dios ha de asar para siempre en un infierno de fuego literal a la gente— son repugnantes a las personas que razonan.

Sin embargo, tales enseñanzas y acciones religiosas no solo repugnan a las personas razonantes, sino que, según lo que la Biblia indica, también repugnan a Dios. Ciertamente la Biblia denuncia con franqueza la hipocresía de ciertos líderes religiosos. Por ejemplo, dice de ellos: “Ustedes también, por fuera realmente, parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de desafuero” (Mateo 23:28). Jesús dijo a la gente común que el clero de ellos estaba compuesto de “guías ciegos” que enseñaban, no lo que viene de Dios, sino mandatos contrarios, “mandatos de hombres como doctrinas” (Mateo 15:9, 14). De manera parecida, la Biblia condena a los religiosos que “declaran públicamente que conocen a Dios, pero [que] por sus obras lo repudian” (Tito 1:16). Así, a pesar de lo que afirman, las religiones que han promovido o aprobado tácitamente la hipocresía y el derramamiento de sangre no provienen de Dios, ni lo representan. En vez de eso, a tales sistemas se les llama “falsos profetas”, y se les compara con árboles que producen “fruto inservible”. (Mateo 7:15-20; Juan 8:44; 13:35; 1 Juan 3:10-12.)

Además, muchas religiones han capitulado en lo que se refiere a la evolución, y así han dejado sin alternativa a sus seguidores. Por ejemplo, la New Catholic Encyclopedia declara: “La evolución general, hasta del cuerpo del hombre, parece ser el más probable relato científico de los orígenes”13. En una reunión en el Vaticano, 12 doctos que representaban al más encumbrado cuerpo científico de la Iglesia Católica concordaron en esta conclusión: “Estamos convencidos de que cantidades masivas de prueba ponen más allá de disputa seria la aplicación del concepto de la evolución al hombre y a otros primates”14. Con tal apoyo religioso, ¿es probable que miembros no informados de tal iglesia opongan resistencia, aunque en realidad “cantidades masivas de prueba” no apoyan la evolución, sino, al contrario, realmente apoyan la creación?

El vacío que esto crea suele ser llenado por el agnosticismo y el ateísmo. La gente, al dejar de creer en Dios, acepta la evolución como la alternativa. Hoy día, en varios países el ateísmo basado en la evolución es hasta la política oficial del Estado. Por mucha de esta descreencia se puede responsabilizar a las religiones de este mundo.

A lo dicho se puede añadir que algunas doctrinas religiosas hacen que la gente crea que la Biblia enseña cosas que contradicen la realidad científica, y por eso la gente rechaza al Dios de la Biblia. Por ejemplo, como ya se señaló en un capítulo anterior, hay quienes alegan, erróneamente, que la Biblia enseña que la Tierra fue creada en seis días literales de 24 horas, y que solo tiene 6.000 años de existencia. Pero la Biblia no enseña estas cosas.

‘Ver es creer’

Hay personas que sinceramente rechazan el concepto de un Creador porque piensan que, como se ha dicho, ‘ver es creer’. Si algo no puede ser visto ni medido de alguna manera, entonces esas personas quizás piensen que no existe. Es verdad que en la vida diaria reconocen la existencia de muchas cosas que no pueden ser vistas, como la electricidad, el magnetismo, las ondas de radio o televisión, y la fuerza de gravedad. Sin embargo, esto no altera su punto de vista, porque todas estas cosas todavía pueden ser medidas o percibidas por otros medios físicos. Pero no hay manera física de ver ni medir a un Creador, o Dios.

No obstante, como hemos visto en capítulos anteriores, hay razón sólida para creer que un Creador invisible sí existe, porque podemos observar la prueba, los resultados físicos de su actividad. Notamos esto en la perfección y complejidad técnicas de la estructura atómica, en el universo magníficamente organizado, en el singular planeta Tierra, en los asombrosos diseños de los organismos vivos, y en el imponente cerebro humano. Estos son efectos que tienen que haber tenido una causa adecuada que dé cuenta de su existencia. Hasta los materialistas aceptan esta ley de causa y efecto en todos los demás asuntos. ¿Por qué no aceptarla también en cuanto al universo físico mismo?

Sobre este punto, nada es más diáfano que el argumento sencillo de la Biblia: “Desde que el mundo es mundo, lo invisible de [el Creador], es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras” (Romanos 1:20, Nueva Biblia Española). En otras palabras, la Biblia razona de efecto a causa. La creación visible, “sus obras” imponentes, son un efecto patente que tiene que haber tenido una causa inteligente. Esa causa invisible es Dios. Además, como Hacedor de todo el universo, el Creador indudablemente posee poder tan enorme que los humanos de carne y sangre no deberían esperar ver a Dios y sobrevivir. Como la Biblia comenta: “Ningún hombre puede ver [a Dios] y sin embargo vivir”. (Éxodo 33:20.)

Otra razón de importancia por la cual no creen

Hay otra razón de importancia por la cual muchas personas dejan de creer en Dios y aceptan la evolución. Esa razón es el mucho sufrimiento que existe. Por siglos ha habido muchísima injusticia, opresión, crimen, guerra, enfermedades y muerte. Muchas personas no entienden por qué le han sobrevenido todas estas penalidades a la familia humana. Les parece que un Creador todopoderoso no habría permitido tales cosas. Puesto que estas condiciones sí existen, esas personas piensan que Dios no pudiera existir. Así, cuando se les presenta la evolución, la aceptan como la única alternativa, muchas veces sin efectuar mucha investigación.

Entonces, ¿por qué permitiría tanto sufrimiento un Creador todopoderoso? ¿Será para siempre así? Entender la respuesta a este problema permitirá que uno, en cambio, comprenda la razón más profunda, oculta a la vista, de por qué la teoría de la evolución se ha generalizado tanto en nuestro tiempo.

 

 

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