ESTEMOS FIRMES CON LA PALABRA DE DIOS

Publicado en por LA BIBLIA

La Palabra de Dios, NOS AYUDA ESTAR FIRMES

“USTEDES bien saben con todo su corazón y con toda su alma que1.jpg ni una sola palabra de todas las buenas palabras que Jehová su Dios les ha hablado ha fallado. Todas se han realizado para ustedes.” (Josué 23:14-16.) Así habló Josué a los ancianos de Israel después que la nación se estableció en la Tierra Prometida. En efecto, las promesas de DIOS resultaron fidedignas. Ese relato, así como el resto de la Biblia, se conservó para que nosotros “tengamos esperanza” (Romanos 15:4).

Aunque en la redacción de la Biblia intervinieron unos cuarenta hombres, su Autor es Jehová DIOS. ¿Significa eso que él dirigió la escritura de todo su contenido? Así es. Lo hizo mediante su poderoso espíritu santo,. Como bien dijo el apóstol Pablo, “toda Escritura es inspirada de Dios [...], para que el hombre de Dios sea enteramente competente y esté completamente equipado para toda buena obra”. Personas de toda la Tierra que están convencidas de este hecho prestan atención a la Biblia y hacen que su vida gire en torno a ella (2 Timoteo 3:16, 17; 1 Tesalonicenses 2:13).

Ayudemos al prójimo a apreciarla

Muchas de las personas con quienes hablamos no están convencidas, como lo estamos nosotros, de que la Biblia es la Palabra de Dios. ¿Cómo podemos ayudarlas? El mejor modo suele ser abrir las Escrituras mismas y mostrarles su contenido. “La palabra de Dios es viva, y ejerce poder, y es más aguda que toda espada de dos filos, [...] y puede discernir pensamientos e intenciones del corazón.” (Hebreos 4:12.) “La palabra de Dios” no es historia muerta; está viva, y sus promesas avanzan inevitablemente hacia su cumplimiento. La influencia del mensaje bíblico en las verdaderas motivaciones del corazón de la gente es más poderosa que cualquier cosa que nosotros podamos decir.

msjayt.jpegNumerosas personas se deciden a examinar más detenidamente la Biblia al ver el nombre de Dios en sus páginas. Otras se animan a estudiarla cuando se les muestra lo que dice sobre el propósito de la vida, la razón por la que Dios permite la maldad, el significado de los sucesos actuales o la esperanza de vida eterna en una Tierra paradisíaca. En los países donde las prácticas religiosas exponen a la gente al acoso de espíritus malignos, la explicación bíblica de cuál es la causa de dicho acoso y cómo librarse de él despierta el interés. ¿Por qué impresiona a las personas sinceras el conocimiento de estas verdades? Porque solo la Biblia proporciona información confiable sobre todas esas cuestiones trascendentales (Salmo 119:130).

Ahora bien, ¿qué podemos hacer cuando alguien nos dice que no cree en la Biblia? ¿Debería poner eso fin a la conversación? No, si la persona está dispuesta a razonar. Tal vez considere que la Biblia es el libro de la cristiandad, y su reacción negativa se deba al historial de hipocresía y entrometimiento en la política que posee dicha organización, así como a sus constantes peticiones de dinero. ¿Por qué no preguntarle si ese es el caso? Quizá susciten su interés los textos bíblicos que condenan los caminos mundanos de la cristiandad y los que muestran las marcadas diferencias entre esta y el verdadero cristianismo (Miqueas 3:11, 12; Mateo 15:7-9; Santiago 4:4).

A otras personas les ayudará analizar directamente las pruebas de que la Biblia es inspirada de Dios. ¿Qué le convence a usted de que proviene de Jehová Dios? ¿Es lo que ella misma afirma respecto a su origen? ¿Son sus numerosas profecías, las cuales reflejan un conocimiento detallado del futuro y, por tanto, deben proceder de una fuente sobrehumana? (2 Pedro 1:20, 21.) Tal vez sea su armonía interna, asombrosa si se tiene en cuenta que la escribieron 40 hombres a lo largo de unos mil seiscientos años. ¿O se trata, quizá, de su exactitud científica, a diferencia de otros escritos de la época? Otras pruebas son la franqueza de sus escritores y su conservación pese a perversos intentos de destruirla. Todo lo que le haya impresionado a usted puede servirle para ayudar a otras personas.

Nuestra lectura de la Biblia

Además de ayudar a nuestro semejante a creer en la Biblia, nosotros mismos tenemos que dedicar tiempo a leerla con regularidad. ¿Lo está haciendo usted? De todos los libros que se han escrito, este es el más importante. Por supuesto, eso no significa que con leerlo por nuestra cuenta sea suficiente. Las Escrituras nos advierten que no nos aislemos. No debemos pensar que podemos entenderlo todo mediante la investigación independiente. El cristiano equilibrado no solo estudia de forma individual, sino que también asiste con asiduidad a las reuniones del pueblo de Dios (Proverbios 18:1; Hebreos 10:24, 25).

A este respecto, la Biblia relata el caso de un funcionario etíope que iba leyendo la profecía de Isaías cuando el evangelizador cristiano Felipe, dirigido por un ángel, le preguntó: “¿Verdaderamente sabes lo que estás leyendo?”. El etíope le respondió con humildad: “¿Realmente, cómo podría hacerlo, a menos que alguien me guiara?”, y entonces le rogó que le explicara el pasaje. Ahora bien, Felipe no le dio su opinión personal. Él no era un lector independiente de las Escrituras, sino que se mantenía en estrecha relación con la organización visible de Dios, de modo que ayudó a aquel hombre a beneficiarse de la enseñanza que DIOS ofrecía mediante tal conducto (Hechos 6:5, 6; 8:5, 26-35). De igual manera, hoy nadie puede llegar a entender correctamente los propósitos de DIOS por sí mismo. Todos necesitamos la asistencia que él proporciona con amor mediante SU PALABRA A fin de ayudarnos a entender la Biblia, Si examinamos personalmente las Santas Escrituras, obtendremos muchos beneficios (Salmo 1:1-3; 19:7, 8). Haga un esfuerzo especial por leer la Biblia con regularidad. Aunque no entienda todo a la perfección, le resultará muy útil tener una visión general de su contenido. Con solo leer cuatro o cinco páginas diarias, es posible terminarla en alrededor de un año.

¿Cuándo puede efectuar su lectura de la Biblia? Si le dedica siquiera diez o quince minutos diarios, recibirá grandes beneficios. De no serle posible, reserve por lo menos algunos ratos a la semana, y aténgase a lo programado. Si está casado, usted y su cónyuge tal vez disfruten de leer juntos la Biblia. En caso de que tengan hijos que ya sepan leer, estos pueden turnarse para hacerlo en voz alta. La lectura bíblica debe ser una costumbre de por vida, igual que comer. Como usted sabe, cuando una persona tiene malos hábitos alimentarios, su salud se resiente. De igual modo, nuestra vida espiritual, y por tanto nuestra vida eterna, dependen de que nos nutramos con regularidad de “toda expresión que sale de la boca de DIOS” (Mateo 4:4).

Nuestro objetivo

¿Con qué objetivo hemos de leer la Biblia? No debe ser únicamente abarcar determinada cantidad de páginas, sino conocer mejor a Dios, a fin de amarlo más y adorarlo como a él le agrada (Juan 5:39-42). Se espera que tengamos la actitud del escritor bíblico que dijo: “Hazme conocer tus propios caminos, oh Jehová; enséñame tus propias sendas” (Salmo 25:4).

Tenemos que recibir las enseñanzas de DIOS con el deseo de adquirir “conocimiento exacto”. Sin él, ¿cómo podríamos aplicar como es debido la Palabra de Dios, o explicarla correctamente? (Colosenses 3:10; 2 Timoteo 2:15.) Para obtener conocimiento exacto es imprescindible que leamos con atención las Escrituras, y si un pasaje es muy profundo, quizá debamos leerlo más de una vez para captar el sentido. También nos resultará provechoso dedicar tiempo a meditar en la información y examinarla desde distintos ángulos.

1) Con cierta frecuencia, el pasaje de las Escrituras que leemos nos enseña algo sobre la personalidad de DIOS. Por ejemplo, en Salmo 139:13, 14 aprendemos que se interesa mucho por los no nacidos: “Me tuviste cubierto en resguardo en el vientre de mi madre. Te elogiaré porque de manera que inspira temor estoy maravillosamente hecho. Tus obras son maravillosas, como muy bien percibe mi alma”. ¡Qué imponente es la creación de DIOS! El modo como estamos hechos los seres humanos atestigua su gran amor por nosotros.

En vista de lo que dice Juan 14:9, 10, cuando leemos lo que hizo Jesús por otras personas, en realidad vemos cómo actuaría el Y SU PADRE . Teniendo eso presente, ¿qué concluimos sobre NUESTRO PADRE CELESTIAL de los sucesos narrados en Lucas 5:12, 13 y Lucas 7:11-15?

2) Piense en la relación que guarda el pasaje con el tema de la Biblia, a saber, la vindicación de la soberanía de DIOS y la santificación de su nombre mediante el Reino en manos de Jesucristo, la Descendencia prometida.

¿Cómo destacaron Ezequiel y Daniel el tema de la Biblia? (Ezequiel 38:21-23; Daniel 2:44; 4:17; 7:9-14.)

¿Cómo muestran las Escrituras claramente que Jesús es la Descendencia prometida? (Gálatas 3:16.)

¿Cómo describe Revelación (Apocalipsis) la gran culminación del tema del Reino? (Revelación 11:15; 12:7-10; 17:16-18; 19:11-16; 20:1-3; 21:1-5.)

3) Pregúntese cómo puede poner por obra las lecciones que extrae de la lectura. Por ejemplo, en la lectura de Éxodo a Deuteronomio aprendemos que la inmoralidad y la rebeldía le acarrearon malos resultados al pueblo de Israel. Por consiguiente, deberíamos resolvernos a no imitar su mal ejemplo, y así agradar a DIOS. “Estas cosas siguieron aconteciéndoles como ejemplos, y fueron escritas para amonestación de nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado.” (1 Corintios 10:11.)

¿Qué lección encierra el pasaje del asesinato de Abel por parte de Caín? (Génesis 4:3-12; Hebreos 11:4; 1 Juan 3:10-15; 4:20, 21.)

4) Reflexione en cómo va a utilizar lo que lee para ayudar al prójimo. A todas las personas les preocupan los problemas de salud, así que podemos leerles lo que hizo Jesús como señal de lo que efectuará a escala mucho mayor con el poder del Reino: “Se le acercaron grandes muchedumbres, teniendo consigo personas que eran cojas, mancas, ciegas, mudas, y muchas en otras condiciones, [...] y él las curó” (Mateo 15:30).

¿A quiénes podría ayudar el relato de la resurrección de la hija de Jairo? (Lucas 8:41, 42, 49-56.)

Cuando se tienen en cuenta los cuatro puntos anteriores, la lectura de la Biblia resulta muy gratificante. Si bien es cierto que constituye un reto, sus beneficios son para toda la vida, pues nos fortalece en sentido espiritual. Leer la Biblia con constancia nos acerca más a nuestro amoroso Padre Jehová y a nuestros hermanos cristianos, y nos ayuda a seguir el consejo de tener “la palabra de vida asida con fuerza” (Filipenses 2:16).

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