Texto Libre

Monday 14 december 1 14 /12 /Dic 03:33
Las predicciones del libro de Isaías no se limitan a los sucesos relacionados la.jpeg con Ciro y los judíos exiliados. Isaías también predijo cómo terminaría Babilonia, y su libro incluye muchos detalles sobre la venida del Mesías o Libertador, como los sufrimientos que padecería y su posterior glorificación. ¿Puede saberse si estos vaticinios se escribieron con mucho tiempo de antelación, de modo que puedan calificarse de profecías que tendrían un cumplimiento futuro?
Veamos. Isaías escribió sobre el fin que le esperaba a Babilonia. Predijo: “Babilonia, la decoración de reinos, la hermosura del orgullo de los caldeos, tiene que llegar a ser como cuando Dios derribó a Sodoma y Gomorra. Nunca será habitada, ni residirá por generación tras generación” (Isaías 13:19, 20; capítulo 47). ¿Qué sucedió en realidad?
Babilonia dependía desde hacía tiempo de un complejo sistema de irrigación de presas y canales construido entre los ríos Tigris y Éufrates. Parece ser que sobre el año 140 a.E.C., durante la destructiva conquista parta, este sistema se dañó y quedó prácticamente inservible. ¿Cuáles fueron las consecuencias? The Encyclopedia Americana explica: “El suelo se saturó de sales minerales y se formó una costra de álcali sobre la superficie que imposibilitó la agricultura”. Unos doscientos años más tarde, Babilonia era todavía una ciudad populosa, pero no lo fue por mucho tiempo más (compárese con 1 Pedro 5:13). En el siglo III E.C., el historiador Dión Casio (c. 150-235 E.C.) dijo que cierto personaje no encontró en Babilonia más que “montones de piedras y ruinas” (LXVIII, 30). Es digno de mención que para ese tiempo hacía siglos que Isaías había muerto y que su libro completo estaba en circulación. Y si alguien visita Babilonia en la actualidad, solo encontrará ruinas de la otrora gloriosa ciudad. Aunque otras metrópolis antiguas como Roma, Jerusalén y Atenas han sobrevivido hasta nuestro día, Babilonia yace desolada, deshabitada, en ruinas: tal como Isaías vaticinó. La predicción se cumplió.
Ahora centrémonos en lo que Isaías dice sobre el esperado Mesías. Según Isaías 52:13, este siervo especial de Dios ocuparía con el tiempo un ‘puesto alto y sería ensalzado en gran manera’. Sin embargo, el siguiente capítulo (Isaías 53) profetizó que antes de su ensalzamiento, el Mesías pasaría por una experiencia de signo sorprendentemente distinto. Es posible que le asombren los detalles de las predicciones de ese capítulo, reconocido como una profecía mesiánica.
En él leemos que el Mesías sería despreciado por sus coterráneos. bpa.jpeg Seguro de que así ocurriría, Isaías escribió como si ya hubiera sucedido: “Fue despreciado y fue evitado por los hombres” (versículo 3). Este maltrato estaría totalmente injustificado, pues el Mesías sería un hombre caritativo. “Nuestras enfermedades fueron las que él mismo llevó”, es como alude Isaías a los actos de curación del Mesías (versículo 4). Pese a ello, al Mesías se le juzgaría y condenaría injustamente, mas él permanecería en silencio ante sus acusadores (versículos 7, 8). Permitiría que lo entregaran para ser ejecutado junto a delincuentes; durante su ejecución se traspasaría su cuerpo (versículos 5, 12). A pesar de morir como un transgresor, se le enterraría como a un rico (versículo 9). Isaías también apunta una y otra vez que la injusta muerte del Mesías tendría un valor expiatorio y cubriría los pecados de otros seres humanos (versículos 5, 8, 11, 12).
Todo ello se realizó. Los relatos que escribieron contemporáneos de Jesús (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) confirman que las predicciones de Isaías se cumplieron. Algunos sucesos tuvieron lugar después de la muerte de Jesús, de modo que él no pudo haberlos manipulado (Mateo 8:16, 17; 26:67; 27:14, 39-44, 57-60; Juan 19:1, 34). A lo largo de los siglos, el cumplimiento total de la profecía mesiánica de Jesús ha tenido un fuerte impacto en los lectores sinceros de la Biblia, incluso en algunos que con anterioridad rechazaban a Jesús. El hebraísta William Urwick dice: “Muchos judíos, al poner por escrito la razón de su conversión al cristianismo, reconocieron que fue el examen detenido de este capítulo [Isaías 53] lo que sacudió su fe en sus anteriores maestros [rabinos] y credo” (The Servant of Jehovah).
Urwick escribió estas palabras a finales del siglo XIX, cuando había quienes dudaban de que el capítulo 53 de Isaías se hubiera escrito siglos antes del nacimiento de Jesús. Sin embargo, los descubrimientos posteriores han eliminado prácticamente cualquier asomo de duda. Un pastor beduino descubrió en 1947, cerca del mar Muerto, un antiguo rollo del libro de Isaías completo. Los paleógrafos dataron el rollo entre los años 125 y 100 a.E.C. Pero en 1990, un análisis con carbono 14 del mismo rollo arrojó una fecha entre 202 y 107 a.E.C. De modo que este famoso rollo de Isaías era ya bastante antiguo cuando Jesús nació. ¿Qué descubrimos al compararlo con las Biblias modernas?
En Jerusalén pueden verse actualmente fragmentos de los Rollos del mar Muerto. El arqueólogo Yigael Yadin explica en una grabación: “No pasaron más de quinientos o seiscientos años entre la pronunciación de las palabras de Isaías y la copia de este rollo en el siglo II a.E.C. Es sorprendente que, a pesar de sus dos mil años de antigüedad, el rollo original del museo sea tan parecido a la Biblia actual, tanto en su versión hebrea como en las traducciones que se hicieron del original”.
Este hecho debería conformar nuestra opinión al respecto. ¿En qué sentido? Pues bien, debería desmentir la afirmación de que el libro de Isaías se escribió después de los acontecimientos que vaticina. Hoy tenemos prueba científica de que una copia de los escritos de Isaías se hizo más de cien años antes del nacimiento de Jesús y mucho antes de que Babilonia quedara desolada. En consecuencia, ¿cómo puede dudarse de que el libro de Isaías predijera lo que le sucedería finalmente a Babilonia y los injustos sufrimientos, la clase de muerte y el trato que recibió el Mesías? Por tanto, los hechos históricos eliminan la base para dudar de que Isaías predijera con exactitud el cautiverio del pueblo judío y su liberación de Babilonia. Tales predicciones cumplidas constituyen tan solo una de las abundantes pruebas de que el verdadero Autor de la Biblia es el Creador y de que la Biblia es “inspirada de Dios” (2 Timoteo 3:16).
Hay muchas otras indicaciones de la inspiración divina de la Biblia. Entre ellas se cuentan su exactitud cuando hace referencia a temas de astronomía, geología y medicina; la armonía interna de los libros que la componen, escritos por decenas de hombres a lo largo de muchos siglos; su concordancia con numerosos hechos históricos y arqueológicos, y su código moral, mucho más elevado que los que poseían los pueblos vecinos de la época y cuya clara superioridad sobre todo otro cuerpo de leyes todavía se reconoce. Estas y otras indicaciones han convencido a un sinnúmero de personas reflexivas y sinceras de que la Biblia es indudablemente un libro de procedencia divina.
También podemos derivar de ello algunas conclusiones válidas sobre el Creador, que nos ayudan a apreciar sus cualidades. ¿No da testimonio el que pueda prever el futuro que su percepción es muy superior a la humana? El hombre no sabe lo que ocurrirá en el futuro distante, ni puede controlarlo, pero el Creador sí puede hacerlo. Puede tanto prever el futuro como dirigir los acontecimientos para que se cumpla su voluntad. Es propio, por tanto, que Isaías diga del Creador que es “Aquel que declara desde el principio el final, y desde hace mucho las cosas que no se han hecho; Aquel que dice: ‘Mi propio consejo subsistirá, y todo lo que es mi deleite haré’” (Isaías 46:10; 55:11).1.jpg







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LA MALA AMIGA DE LA BIBLIA

                                          El fracaso de la religión

Otra razón por la cual se acepta la evolución es el fracaso de la religión convencional tanto en cuanto a lo que enseña como en cuanto a lo que hace, así como el hecho de que no representa debidamente el relato bíblico de la creación. Las personas informadas están bien al tanto del registro religioso de hipocresía, opresión e inquisiciones. Han observado que el clero ha dado apoyo a dictadores asesinos. Saben que personas de la misma religión se han matado unas a otras por millones en las guerras, mientras el clero ha apoyado a cada lado de la contienda. Por eso, no hallan razón para tomar en consideración al Dios a quien estas religiones supuestamente representan. Además, las doctrinas absurdas y antibíblicas contribuyen a este alejamiento. Ideas como las del tormento eterno —que Dios ha de asar para siempre en un infierno de fuego literal a la gente— son repugnantes a las personas que razonan.

Sin embargo, tales enseñanzas y acciones religiosas no solo repugnan a las personas razonantes, sino que, según lo que la Biblia indica, también repugnan a Dios. Ciertamente la Biblia denuncia con franqueza la hipocresía de ciertos líderes religiosos. Por ejemplo, dice de ellos: “Ustedes también, por fuera realmente, parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de desafuero” (Mateo 23:28). Jesús dijo a la gente común que el clero de ellos estaba compuesto de “guías ciegos” que enseñaban, no lo que viene de Dios, sino mandatos contrarios, “mandatos de hombres como doctrinas” (Mateo 15:9, 14). De manera parecida, la Biblia condena a los religiosos que “declaran públicamente que conocen a Dios, pero [que] por sus obras lo repudian” (Tito 1:16). Así, a pesar de lo que afirman, las religiones que han promovido o aprobado tácitamente la hipocresía y el derramamiento de sangre no provienen de Dios, ni lo representan. En vez de eso, a tales sistemas se les llama “falsos profetas”, y se les compara con árboles que producen “fruto inservible”. (Mateo 7:15-20; Juan 8:44; 13:35; 1 Juan 3:10-12.)

Además, muchas religiones han capitulado en lo que se refiere a la evolución, y así han dejado sin alternativa a sus seguidores. Por ejemplo, la New Catholic Encyclopedia declara: “La evolución general, hasta del cuerpo del hombre, parece ser el más probable relato científico de los orígenes”13. En una reunión en el Vaticano, 12 doctos que representaban al más encumbrado cuerpo científico de la Iglesia Católica concordaron en esta conclusión: “Estamos convencidos de que cantidades masivas de prueba ponen más allá de disputa seria la aplicación del concepto de la evolución al hombre y a otros primates”14. Con tal apoyo religioso, ¿es probable que miembros no informados de tal iglesia opongan resistencia, aunque en realidad “cantidades masivas de prueba” no apoyan la evolución, sino, al contrario, realmente apoyan la creación?

El vacío que esto crea suele ser llenado por el agnosticismo y el ateísmo. La gente, al dejar de creer en Dios, acepta la evolución como la alternativa. Hoy día, en varios países el ateísmo basado en la evolución es hasta la política oficial del Estado. Por mucha de esta descreencia se puede responsabilizar a las religiones de este mundo.

A lo dicho se puede añadir que algunas doctrinas religiosas hacen que la gente crea que la Biblia enseña cosas que contradicen la realidad científica, y por eso la gente rechaza al Dios de la Biblia. Por ejemplo, como ya se señaló en un capítulo anterior, hay quienes alegan, erróneamente, que la Biblia enseña que la Tierra fue creada en seis días literales de 24 horas, y que solo tiene 6.000 años de existencia. Pero la Biblia no enseña estas cosas.

‘Ver es creer’

Hay personas que sinceramente rechazan el concepto de un Creador porque piensan que, como se ha dicho, ‘ver es creer’. Si algo no puede ser visto ni medido de alguna manera, entonces esas personas quizás piensen que no existe. Es verdad que en la vida diaria reconocen la existencia de muchas cosas que no pueden ser vistas, como la electricidad, el magnetismo, las ondas de radio o televisión, y la fuerza de gravedad. Sin embargo, esto no altera su punto de vista, porque todas estas cosas todavía pueden ser medidas o percibidas por otros medios físicos. Pero no hay manera física de ver ni medir a un Creador, o Dios.

No obstante, como hemos visto en capítulos anteriores, hay razón sólida para creer que un Creador invisible sí existe, porque podemos observar la prueba, los resultados físicos de su actividad. Notamos esto en la perfección y complejidad técnicas de la estructura atómica, en el universo magníficamente organizado, en el singular planeta Tierra, en los asombrosos diseños de los organismos vivos, y en el imponente cerebro humano. Estos son efectos que tienen que haber tenido una causa adecuada que dé cuenta de su existencia. Hasta los materialistas aceptan esta ley de causa y efecto en todos los demás asuntos. ¿Por qué no aceptarla también en cuanto al universo físico mismo?

Sobre este punto, nada es más diáfano que el argumento sencillo de la Biblia: “Desde que el mundo es mundo, lo invisible de [el Creador], es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras” (Romanos 1:20, Nueva Biblia Española). En otras palabras, la Biblia razona de efecto a causa. La creación visible, “sus obras” imponentes, son un efecto patente que tiene que haber tenido una causa inteligente. Esa causa invisible es Dios. Además, como Hacedor de todo el universo, el Creador indudablemente posee poder tan enorme que los humanos de carne y sangre no deberían esperar ver a Dios y sobrevivir. Como la Biblia comenta: “Ningún hombre puede ver [a Dios] y sin embargo vivir”. (Éxodo 33:20.)

Otra razón de importancia por la cual no creen

Hay otra razón de importancia por la cual muchas personas dejan de creer en Dios y aceptan la evolución. Esa razón es el mucho sufrimiento que existe. Por siglos ha habido muchísima injusticia, opresión, crimen, guerra, enfermedades y muerte. Muchas personas no entienden por qué le han sobrevenido todas estas penalidades a la familia humana. Les parece que un Creador todopoderoso no habría permitido tales cosas. Puesto que estas condiciones sí existen, esas personas piensan que Dios no pudiera existir. Así, cuando se les presenta la evolución, la aceptan como la única alternativa, muchas veces sin efectuar mucha investigación.

Entonces, ¿por qué permitiría tanto sufrimiento un Creador todopoderoso? ¿Será para siempre así? Entender la respuesta a este problema permitirá que uno, en cambio, comprenda la razón más profunda, oculta a la vista, de por qué la teoría de la evolución se ha generalizado tanto en nuestro tiempo.

 

 

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