Texto Libre

Tuesday 3 november 2 03 /11 /Nov 03:15

 “Tu palabra es una lámpara” para mi pie, y una luz para mi  vereda” (Salmo 119:105)

Un salmista expresó lo siguiente en una oración a Dios: “Tu palabra es una lámpara para mi pie, y una luz para mi vereda” (Salmo 119:105). Las declaraciones y recordatorios de Dios se encuentran en la Biblia y nos ayudan a superar los obstáculos que puedan alzarse en nuestro camino. Cuando leemos la Biblia y nos dejamos guiar por ella, se cumplen en nosotros las palabras de Isaías 30:21: “Tus propios oídos oirán una palabra detrás de ti que diga: ‘Este es el camino. Anden en él’”. En efecto, nuestro amoroso Dios, Jehová, “cuya voluntad es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad”, ilumina claramente ‘el camino estrecho que conduce a la vida’ (1 Timoteo 2:4; Mateo 7:14) La aplicación de los preceptos bíblicos nos ayudará a no desviarnos del camino estrecho y así evitar meternos en los senderos de la oscuridad un profeta dijo:“BIEN sé yo, oh Jehová, que al hombre terrestre no le pertenece su camino. No pertenece al hombre que está andando siquiera dirigir su paso.” (Jeremías 10:23.) De ese modo indicó el profeta Jeremías que si los seres humanos no reciben ayuda, no pueden triunfar en la senda de la vida

Pero observemos que Salmo 119:105 señala que la Palabra de Dios cumple dos funciones relacionadas. En primer lugar, es una lámpara para nuestro pie. Si al enfrentarnos a los problemas del día a día dejamos que los principios bíblicos guíen nuestros pasos, tomaremos decisiones prudentes y evitaremos las trampas y los peligros de este mundo. En segundo lugar, los recordatorios de Dios alumbran nuestra vereda; nos ayudan a elegir opciones que estén en armonía con nuestra esperanza. Estando bien iluminada la vereda que se extiende ante nosotros, podemos discernir si las consecuencias de cierto proceder serán buenas o malas (Romanos 14:21; 1 Timoteo 6:9; Revelación [Apocalipsis] 22:12). Veamos con más detenimiento la forma en que los dichos de Dios, que se hallan en la Biblia, son una lámpara para nuestro pie y una luz para nuestra vereda.

“Una lámpara para mi pie”

 Todos los días tomamos decisiones. Algunas son de poca importancia, al menos a simple vista, pero a veces nos enfrentamos a situaciones que ponen a prueba nuestra pureza moral, honradez y neutralidad. A fin de superarlas con éxito, debemos tener las “facultades perceptivas entrenadas para distinguir tanto lo correcto como lo incorrecto” (Hebreos 5:14). Al adquirir conocimiento exacto de la Palabra de Dios y aumentar nuestro entendimiento de sus principios, educamos nuestra conciencia para tomar decisiones que agraden a Jehová (Proverbios 3:21).

Pensemos en un ejemplo. ¿Es usted una persona adulta que procura sinceramente regocijar el corazón de Dios? (Proverbios 27:11 Repasemos algunos principios bíblicos. El primero que quizás se nos ocurra es el que se halla en 1 Corintios 15:33: “Las malas compañías echan a perder los hábitos útiles”. ¿Nos obliga este principio a evitar por completo a quienes no son cristianos verdaderos? La respuesta que da la Biblia es que no. Al fin y al cabo, el propio apóstol Pablo demostró amor “a gente de toda clase”, incluidos los no creyentes (1 Corintios 9:22). La naturaleza misma del cristianismo exige que nos interesemos por las demás personas, entre ellas las que no comparten nuestras creencias (Romanos 10:13-15). Ellos deben ver nuestra luz , según Mateo 5,es obvio que debemos ayudar a que vean esta luz, Luz que trasmitio Nuestro Señor JESUS, para la Gloria del Padre Celestial

 

 ALUMBRADO DE LA CASA: El pueblo de Israel en Canaán usaba una lámpara que consistía en una vasija de tierra para contener el aceite y un pico estrecho para sostener la mecha. En el quinto siglo antes de Cristo usaban unas  lámparas griegas de vidrio negro, para el tercer siglo A.C. la vieja lámpara tipo platillo casi había desaparecido, pero en el siglo segundo A.C. se vuelve a usar. La lámpara de pie era de uso común, se ponían en lugares como un saliente de piedra en la pared. En el tiempo de Cristo estas lámparas eran ya de uso general. La referencia al pabilo que humea (Is. 42:3).La mecha se hacía de hebras torcidas de lino poniendo después el aceite de oliva en el depósito de la lámpara, cuando el aceite estaba por terminarse, producía un humo molesto. A esto se refiere el profeta Isaías. COMENTARIO DE LA DRACMA PERDIDA. (LUC. 15).

El significado de la luz en una casa Palestina. La lámpara se considera un lujo necesario, el dormir sin luz es considerado entre ellos como signo de extrema pobreza. En la Biblia son sinónimos los términos lámpara, luz, y vida. El desear que la luz de un hombre se apague sería desearle una maldición terrible. (Job.18:6). Pero el salmista se considera bendito del Señor. (Sal.18:28) y en (Mt. 5:16) se refieren al apreciar de una sencilla luz en la oscuridad  por lo que Jesús dijo.

 

Por LA BIBLIA
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LA MALA AMIGA DE LA BIBLIA

                                          El fracaso de la religión

Otra razón por la cual se acepta la evolución es el fracaso de la religión convencional tanto en cuanto a lo que enseña como en cuanto a lo que hace, así como el hecho de que no representa debidamente el relato bíblico de la creación. Las personas informadas están bien al tanto del registro religioso de hipocresía, opresión e inquisiciones. Han observado que el clero ha dado apoyo a dictadores asesinos. Saben que personas de la misma religión se han matado unas a otras por millones en las guerras, mientras el clero ha apoyado a cada lado de la contienda. Por eso, no hallan razón para tomar en consideración al Dios a quien estas religiones supuestamente representan. Además, las doctrinas absurdas y antibíblicas contribuyen a este alejamiento. Ideas como las del tormento eterno —que Dios ha de asar para siempre en un infierno de fuego literal a la gente— son repugnantes a las personas que razonan.

Sin embargo, tales enseñanzas y acciones religiosas no solo repugnan a las personas razonantes, sino que, según lo que la Biblia indica, también repugnan a Dios. Ciertamente la Biblia denuncia con franqueza la hipocresía de ciertos líderes religiosos. Por ejemplo, dice de ellos: “Ustedes también, por fuera realmente, parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de desafuero” (Mateo 23:28). Jesús dijo a la gente común que el clero de ellos estaba compuesto de “guías ciegos” que enseñaban, no lo que viene de Dios, sino mandatos contrarios, “mandatos de hombres como doctrinas” (Mateo 15:9, 14). De manera parecida, la Biblia condena a los religiosos que “declaran públicamente que conocen a Dios, pero [que] por sus obras lo repudian” (Tito 1:16). Así, a pesar de lo que afirman, las religiones que han promovido o aprobado tácitamente la hipocresía y el derramamiento de sangre no provienen de Dios, ni lo representan. En vez de eso, a tales sistemas se les llama “falsos profetas”, y se les compara con árboles que producen “fruto inservible”. (Mateo 7:15-20; Juan 8:44; 13:35; 1 Juan 3:10-12.)

Además, muchas religiones han capitulado en lo que se refiere a la evolución, y así han dejado sin alternativa a sus seguidores. Por ejemplo, la New Catholic Encyclopedia declara: “La evolución general, hasta del cuerpo del hombre, parece ser el más probable relato científico de los orígenes”13. En una reunión en el Vaticano, 12 doctos que representaban al más encumbrado cuerpo científico de la Iglesia Católica concordaron en esta conclusión: “Estamos convencidos de que cantidades masivas de prueba ponen más allá de disputa seria la aplicación del concepto de la evolución al hombre y a otros primates”14. Con tal apoyo religioso, ¿es probable que miembros no informados de tal iglesia opongan resistencia, aunque en realidad “cantidades masivas de prueba” no apoyan la evolución, sino, al contrario, realmente apoyan la creación?

El vacío que esto crea suele ser llenado por el agnosticismo y el ateísmo. La gente, al dejar de creer en Dios, acepta la evolución como la alternativa. Hoy día, en varios países el ateísmo basado en la evolución es hasta la política oficial del Estado. Por mucha de esta descreencia se puede responsabilizar a las religiones de este mundo.

A lo dicho se puede añadir que algunas doctrinas religiosas hacen que la gente crea que la Biblia enseña cosas que contradicen la realidad científica, y por eso la gente rechaza al Dios de la Biblia. Por ejemplo, como ya se señaló en un capítulo anterior, hay quienes alegan, erróneamente, que la Biblia enseña que la Tierra fue creada en seis días literales de 24 horas, y que solo tiene 6.000 años de existencia. Pero la Biblia no enseña estas cosas.

‘Ver es creer’

Hay personas que sinceramente rechazan el concepto de un Creador porque piensan que, como se ha dicho, ‘ver es creer’. Si algo no puede ser visto ni medido de alguna manera, entonces esas personas quizás piensen que no existe. Es verdad que en la vida diaria reconocen la existencia de muchas cosas que no pueden ser vistas, como la electricidad, el magnetismo, las ondas de radio o televisión, y la fuerza de gravedad. Sin embargo, esto no altera su punto de vista, porque todas estas cosas todavía pueden ser medidas o percibidas por otros medios físicos. Pero no hay manera física de ver ni medir a un Creador, o Dios.

No obstante, como hemos visto en capítulos anteriores, hay razón sólida para creer que un Creador invisible sí existe, porque podemos observar la prueba, los resultados físicos de su actividad. Notamos esto en la perfección y complejidad técnicas de la estructura atómica, en el universo magníficamente organizado, en el singular planeta Tierra, en los asombrosos diseños de los organismos vivos, y en el imponente cerebro humano. Estos son efectos que tienen que haber tenido una causa adecuada que dé cuenta de su existencia. Hasta los materialistas aceptan esta ley de causa y efecto en todos los demás asuntos. ¿Por qué no aceptarla también en cuanto al universo físico mismo?

Sobre este punto, nada es más diáfano que el argumento sencillo de la Biblia: “Desde que el mundo es mundo, lo invisible de [el Creador], es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras” (Romanos 1:20, Nueva Biblia Española). En otras palabras, la Biblia razona de efecto a causa. La creación visible, “sus obras” imponentes, son un efecto patente que tiene que haber tenido una causa inteligente. Esa causa invisible es Dios. Además, como Hacedor de todo el universo, el Creador indudablemente posee poder tan enorme que los humanos de carne y sangre no deberían esperar ver a Dios y sobrevivir. Como la Biblia comenta: “Ningún hombre puede ver [a Dios] y sin embargo vivir”. (Éxodo 33:20.)

Otra razón de importancia por la cual no creen

Hay otra razón de importancia por la cual muchas personas dejan de creer en Dios y aceptan la evolución. Esa razón es el mucho sufrimiento que existe. Por siglos ha habido muchísima injusticia, opresión, crimen, guerra, enfermedades y muerte. Muchas personas no entienden por qué le han sobrevenido todas estas penalidades a la familia humana. Les parece que un Creador todopoderoso no habría permitido tales cosas. Puesto que estas condiciones sí existen, esas personas piensan que Dios no pudiera existir. Así, cuando se les presenta la evolución, la aceptan como la única alternativa, muchas veces sin efectuar mucha investigación.

Entonces, ¿por qué permitiría tanto sufrimiento un Creador todopoderoso? ¿Será para siempre así? Entender la respuesta a este problema permitirá que uno, en cambio, comprenda la razón más profunda, oculta a la vista, de por qué la teoría de la evolución se ha generalizado tanto en nuestro tiempo.

 

 

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