Texto Libre

Tuesday 15 december 2 15 /12 /Dic 14:36
nsha.jpeg “¿QUE quién es mi prójimo? Pues quién va a ser: mi semejante, cualquier persona próxima o lejana, ese es mi prójimo.”
Algunas personas del tiempo de Jesucristo no pensaban lo mismo. Aun entonces había opiniones diferentes. Este hecho resulta evidente cuando se considera la conversación registrada en Lucas 10:25-37, entre Jesús y un hombre versado en la ley judía.
“Maestro, ¿haciendo qué cosa heredaré la vida eterna?”, preguntó el hombre.
“¿Qué está escrito en la Ley? ¿Cómo lees?”, preguntó Jesús.
El hombre contestó: “‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con toda tu mente’, y, ‘a tu prójimo como a ti mismo’”.
Jesús le dijo: “Contestaste correctamente; sigue haciendo esto y conseguirás la vida”.
Pero el hombre no estaba conforme con dar la conversación por terminada de ese modo. Así que preguntó: “¿Quién, verdaderamente, es mi prójimo?”.
Los escribas judíos, contrario a lo que decía su propia ley mosaica, afirmaban en su tradición oral: “Tienes que amar a tu prójimo y odiar a tu enemigo”. Los escribas y los fariseos enseñaban que solo el judío que guardaba la ley oral era un verdadero prójimo. Tanto a los judíos que no la cumplían, como a todos los gentiles, no se les consideraba prójimo, sino enemigos. A tales judíos heréticos y a los gentiles, no se les prestaba ayuda ni aun estando su vida en peligro. Fue con esta idea presente, y con el ánimo de autojustificarse debido a que no amaba a toda persona, que el hombre preguntó: “¿Quién, verdaderamente, es mi prójimo?”.
En respuesta a la pregunta, Jesús usó la ilustración del buen samaritano (los judíos consideraban a los samaritanos como extranjeros y los odiaban).
“Cierto hombre —dijo Jesús— bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó entre salteadores, que lo despojaron y también le descargaron golpes, y se fueron, dejándolo medio muerto.” Un sacerdote, al verlo, lo evitó pasándose al otro lado del camino. Un levita lo vio e hizo lo mismo. “Pero cierto samaritano que viajaba por el camino llegó a donde estaba y, al verlo, se enterneció.” Le vendó sus heridas, lo llevó a una posada, pagó por los cuidados que su situación requería y le dijo al posadero que a su regreso pagaría cualquier gasto adicional.
Jesús ahora le preguntó al hombre: “¿Quién de estos tres te parece haberse hecho prójimo del que cayó entre los salteadores?”. El hombre respondió: “El que actuó misericordiosamente para con él”. De modo que Jesús le dijo: “Ve y haz tú lo mismo”.
Es de suponer que el sacerdote fuese un adorador de Dios. También el levita. Sin embargo, ambos esquivaron al herido. Ninguno de los dos fue un verdadero prójimo para aquel hombre necesitado. Sólo respondió el samaritano, quien era despreciado tanto por el sacerdote como por el levita y la religión que ambos profesaban. Él se compadeció de la penosa situación de aquel hombre y lo ayudó. Demostró ser un verdadero prójimo.
Entonces... ¿quién es mi verdadero prójimo?
Aunque la definición del término es conocida, hay quienes tienen un punto de vista restringido del concepto prójimo. Ven al prójimo desde un punto de vista regionalista, nacionalista o religioso.
Sin embargo, la palabra griega plesión, que se traduce “prójimo” y que básicamente significa “próximo”, comunica un sentido más amplio. En ese sentido se emplea en la Biblia, tanto en las Escrituras Hebreas como en las Griegas. Por su uso, ser verdadero prójimo exige una respuesta activa de nuestros sentimientos, una respuesta que no puede restringirse a personas con quienes uno pudiera tener nexos comunes.
Los escribas y los fariseos del tiempo de Jesús aplicaban este término a quienes observaban sus mismas tradiciones religiosas. Por consiguiente, limitaban su amor por el prójimo solo a sus compañeros de religión. Sin embargo, el amor de Dios y Jesús se había manifestado en beneficio de todos. (Mateo 5:43-48.) Así debe ser el amor de los verdaderos cristianos hoy día. Ser cristiano, y no únicamente de nombre, requiere que uno demuestre ser prójimo de toda persona y que las ame.
Cuando el samaritano demostró ser un verdadero prójimo socorriendo a la víctima, ¿habrá despertado en ella una respuesta igualmente amorosa? Aunque Jesús no lo dijo, debió ocurrir así. De modo semejante, cuando Jesús vino a la Tierra y murió por la humanidad, él de hecho se hizo a sí mismo nuestro prójimo. ¿Ha motivado esto a la humanidad a amarle y a acercarse a él? ¿Ha hecho el amor de Jehová por el mundo de la humanidad —demostrado al mandar a la Tierra a su Hijo y ofrecerlo como rescate— que los hombres se acerquen más a él? Esa ha sido y es la experiencia de muchas personas. “Amamos, porque él nos amó primero.” (1 Juan 4:19; Juan 3:16; Santiago 4:8.) un ejemplo de como nos beneficia si amamos al projimo:
Su nombre era Fleming, y era un granjero escocés pobre.  Un día, mientras intentaba ganarse la vida para su familia, oyó un  lamento pidiendo ayuda que provenía de un pantano cercano. Dejo caer sus herramientas y corrió al pantano.  Allí, entro hasta la cintura en el estiércol húmedo negro. Se trataba de un muchacho aterrado, gritando y esforzándose por liberarse.El granjero Fleming salvo al muchacho de lo que podría ser una lenta y espantosa muerte. Al día siguiente, llegó un carruaje elegante a la granja.  Un noble elegantemente vestido salió y se presento como el padre del muchacho que el granjero Fleming había ayudado.  "Yo quiero recompensarlo", dijo el noble. "Usted salvo la vida de mi hijo.""No, yo no puedo aceptar un pago por lo que hice," el granjero escocés contesto.  En ese momento, el hijo del granjero vino a la puerta de la familia la cabaña. "? Es su hijo?" El noble pregunto. "Si," el granjero contesta orgullosamente."Le propongo hacer un trato. Permítame proporcionarle a su hijo el mismo nivel de educación que mi hijo disfrutara. Si el muchacho s eparece a su padre, no dudo que crecerá hasta convertirse en el hombre del que nosotros dos estaremos orgullosos". Y el granjero aceptó.El hijo del granjero Fleming asistió a las mejores escuelas y al  tiempo, sé graduó en la Escuela Medica del St. Mary's Hospital en Londres, y siguió hasta darse a conocer en el mundo como el renombrado Dr. Alexander Fleming, el descubridor de la Penicilina. bsja.jpeg Años después, el hijo del mismo noble que fue salvado del pantano estaba enfermo de pulmonía. ¿Qué salvó su vida esta vez? La penicilina.¿El nombre del noble? Sir Randolph Churchill.¿El nombre de su hijo? Sir Winston Churchill.( Esta Historia esta cuestionada)
                                   DR. WALTER SANDOVAL

Por LA BIBLIA
Escribir un comentario - Ver los 0 comentarios
Volver a la página principal

Recomendar

Calendario

October 2014
M T W T F S S
    1 2 3 4 5
6 7 8 9 10 11 12
13 14 15 16 17 18 19
20 21 22 23 24 25 26
27 28 29 30 31    
<< < > >>

Presentación

Crear un Blog

LA MALA AMIGA DE LA BIBLIA

                                          El fracaso de la religión

Otra razón por la cual se acepta la evolución es el fracaso de la religión convencional tanto en cuanto a lo que enseña como en cuanto a lo que hace, así como el hecho de que no representa debidamente el relato bíblico de la creación. Las personas informadas están bien al tanto del registro religioso de hipocresía, opresión e inquisiciones. Han observado que el clero ha dado apoyo a dictadores asesinos. Saben que personas de la misma religión se han matado unas a otras por millones en las guerras, mientras el clero ha apoyado a cada lado de la contienda. Por eso, no hallan razón para tomar en consideración al Dios a quien estas religiones supuestamente representan. Además, las doctrinas absurdas y antibíblicas contribuyen a este alejamiento. Ideas como las del tormento eterno —que Dios ha de asar para siempre en un infierno de fuego literal a la gente— son repugnantes a las personas que razonan.

Sin embargo, tales enseñanzas y acciones religiosas no solo repugnan a las personas razonantes, sino que, según lo que la Biblia indica, también repugnan a Dios. Ciertamente la Biblia denuncia con franqueza la hipocresía de ciertos líderes religiosos. Por ejemplo, dice de ellos: “Ustedes también, por fuera realmente, parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de desafuero” (Mateo 23:28). Jesús dijo a la gente común que el clero de ellos estaba compuesto de “guías ciegos” que enseñaban, no lo que viene de Dios, sino mandatos contrarios, “mandatos de hombres como doctrinas” (Mateo 15:9, 14). De manera parecida, la Biblia condena a los religiosos que “declaran públicamente que conocen a Dios, pero [que] por sus obras lo repudian” (Tito 1:16). Así, a pesar de lo que afirman, las religiones que han promovido o aprobado tácitamente la hipocresía y el derramamiento de sangre no provienen de Dios, ni lo representan. En vez de eso, a tales sistemas se les llama “falsos profetas”, y se les compara con árboles que producen “fruto inservible”. (Mateo 7:15-20; Juan 8:44; 13:35; 1 Juan 3:10-12.)

Además, muchas religiones han capitulado en lo que se refiere a la evolución, y así han dejado sin alternativa a sus seguidores. Por ejemplo, la New Catholic Encyclopedia declara: “La evolución general, hasta del cuerpo del hombre, parece ser el más probable relato científico de los orígenes”13. En una reunión en el Vaticano, 12 doctos que representaban al más encumbrado cuerpo científico de la Iglesia Católica concordaron en esta conclusión: “Estamos convencidos de que cantidades masivas de prueba ponen más allá de disputa seria la aplicación del concepto de la evolución al hombre y a otros primates”14. Con tal apoyo religioso, ¿es probable que miembros no informados de tal iglesia opongan resistencia, aunque en realidad “cantidades masivas de prueba” no apoyan la evolución, sino, al contrario, realmente apoyan la creación?

El vacío que esto crea suele ser llenado por el agnosticismo y el ateísmo. La gente, al dejar de creer en Dios, acepta la evolución como la alternativa. Hoy día, en varios países el ateísmo basado en la evolución es hasta la política oficial del Estado. Por mucha de esta descreencia se puede responsabilizar a las religiones de este mundo.

A lo dicho se puede añadir que algunas doctrinas religiosas hacen que la gente crea que la Biblia enseña cosas que contradicen la realidad científica, y por eso la gente rechaza al Dios de la Biblia. Por ejemplo, como ya se señaló en un capítulo anterior, hay quienes alegan, erróneamente, que la Biblia enseña que la Tierra fue creada en seis días literales de 24 horas, y que solo tiene 6.000 años de existencia. Pero la Biblia no enseña estas cosas.

‘Ver es creer’

Hay personas que sinceramente rechazan el concepto de un Creador porque piensan que, como se ha dicho, ‘ver es creer’. Si algo no puede ser visto ni medido de alguna manera, entonces esas personas quizás piensen que no existe. Es verdad que en la vida diaria reconocen la existencia de muchas cosas que no pueden ser vistas, como la electricidad, el magnetismo, las ondas de radio o televisión, y la fuerza de gravedad. Sin embargo, esto no altera su punto de vista, porque todas estas cosas todavía pueden ser medidas o percibidas por otros medios físicos. Pero no hay manera física de ver ni medir a un Creador, o Dios.

No obstante, como hemos visto en capítulos anteriores, hay razón sólida para creer que un Creador invisible sí existe, porque podemos observar la prueba, los resultados físicos de su actividad. Notamos esto en la perfección y complejidad técnicas de la estructura atómica, en el universo magníficamente organizado, en el singular planeta Tierra, en los asombrosos diseños de los organismos vivos, y en el imponente cerebro humano. Estos son efectos que tienen que haber tenido una causa adecuada que dé cuenta de su existencia. Hasta los materialistas aceptan esta ley de causa y efecto en todos los demás asuntos. ¿Por qué no aceptarla también en cuanto al universo físico mismo?

Sobre este punto, nada es más diáfano que el argumento sencillo de la Biblia: “Desde que el mundo es mundo, lo invisible de [el Creador], es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras” (Romanos 1:20, Nueva Biblia Española). En otras palabras, la Biblia razona de efecto a causa. La creación visible, “sus obras” imponentes, son un efecto patente que tiene que haber tenido una causa inteligente. Esa causa invisible es Dios. Además, como Hacedor de todo el universo, el Creador indudablemente posee poder tan enorme que los humanos de carne y sangre no deberían esperar ver a Dios y sobrevivir. Como la Biblia comenta: “Ningún hombre puede ver [a Dios] y sin embargo vivir”. (Éxodo 33:20.)

Otra razón de importancia por la cual no creen

Hay otra razón de importancia por la cual muchas personas dejan de creer en Dios y aceptan la evolución. Esa razón es el mucho sufrimiento que existe. Por siglos ha habido muchísima injusticia, opresión, crimen, guerra, enfermedades y muerte. Muchas personas no entienden por qué le han sobrevenido todas estas penalidades a la familia humana. Les parece que un Creador todopoderoso no habría permitido tales cosas. Puesto que estas condiciones sí existen, esas personas piensan que Dios no pudiera existir. Así, cuando se les presenta la evolución, la aceptan como la única alternativa, muchas veces sin efectuar mucha investigación.

Entonces, ¿por qué permitiría tanto sufrimiento un Creador todopoderoso? ¿Será para siempre así? Entender la respuesta a este problema permitirá que uno, en cambio, comprenda la razón más profunda, oculta a la vista, de por qué la teoría de la evolución se ha generalizado tanto en nuestro tiempo.

 

 

labiblia
 
Crear un blog en OverBlog - Contacto - C.G.U - Remuneración por el programa "Gana con tu Blog" - Reportar un abuso - Artículos más comentados