Texto Libre

Monday 2 november 1 02 /11 /Nov 15:51

               “Está escrito”      

JESÚS se halla al comienzo de su ministerio. Acaba de regresar a su pueblo, Nazaret, y quiere que la gente llegue a una importantísima conclusión: él es el Mesías anunciado en las antiguas profecías. ¿Qué pruebas presenta para demostrarlo?

Todos los oyentes, que de seguro conocen bien esa profecía mesiánica, tienen la vista fija en Jesús y, expectantes, guardan silencio. Entonces, él les dice: “Hoy se cumple esta escritura que acaban de oír”, y explica, posiblemente con detalle, esa profecía. Los presentes se asombran de la belleza de sus palabras, pero es obvio que muchos siguen esperando que realice algún milagro espectacular. Jesús, sin embargo, cita con valentía ejemplos de las Escrituras para criticar su falta de fe. En menos de lo que canta un gallo, tiene a sus vecinos de Nazaret tratando de matarlo (Lucas 4:20-30).

Jesús estableció en esta ocasión la pauta que seguiría durante todo su ministerio: se basó siempre en la Palabra que Dios había inspirado. Es cierto que sus milagros fueron importantes demostraciones de que contaba con el apoyo del espíritu santo. Sin embargo, para él, nada tenía mayor importancia que las Sagradas Escrituras. Examinemos el ejemplo que nos dejó nuestro Maestro en este asunto. Veremos la manera en que citó, defendió y explicó la Palabra de Dios.

Citó la Palabra de Dios

Jesús deseaba que sus oyentes entendieran cuál era el origen de su mensaje. Por eso dijo: “Lo que yo enseño no es mío, sino que pertenece al que me ha enviado” (Juan 7:16). También señaló: “No hago nada por mi propia iniciativa; sino que hablo estas cosas así como el Padre me ha enseñado” (Juan 8:28). Y admitió: “Las cosas que les digo a ustedes no las hablo por mí mismo; sino que el Padre que permanece en unión conmigo está haciendo sus obras” (Juan 14:10). Una manera como demostró que esas afirmaciones eran ciertas fue citando constantemente de la Palabra escrita de Dios.

Al estudiar con detenimiento las palabras de Jesús referidas en la Biblia, vemos que citó directa o indirectamente de más de la mitad de los libros de las Escrituras Hebreas. A primera vista, tal vez no parezca un dato destacable, e incluso habrá quien pregunte por qué no citó de todos los libros inspirados existentes en su día, ya que al fin y al cabo pasó tres años y medio enseñando y predicando públicamente. En realidad, es muy posible que lo hiciera. Recordemos que solo se ha puesto por escrito una pequeña parte de sus palabras y obras (Juan 21:25). De hecho, basta con unas pocas horas para leer en voz alta todas las palabras de Jesús incluidas en la Biblia. Teniendo esto presente, es toda una hazaña que en unas pocas horas de enseñanza sobre Dios y su Reino lograra incluir referencias a más de la mitad de los libros de las Escrituras Hebreas. Además, en la mayoría de las ocasiones, Jesús no tenía a su disposición rollos manuscritos. Cuando pronunció su famoso Sermón del Monte, hizo referencia a las Escrituras Hebreas o citó textualmente de estas en decenas de ocasiones, todas ellas de memoria.

Las citas que Jesús hizo demostraban su profunda reverencia por la Palabra de Dios. Sus oyentes “quedaban atónitos por su modo de enseñar, porque allí estaba enseñándoles como quien tiene autoridad, y no como los escribas” (Marcos 1:22). A los escribas les encantaba salpicar sus explicaciones con referencias a la llamada ley oral, para lo cual citaban las palabras de los instruidos rabinos de la antigüedad. Pero Jesús nunca se basó en la ley oral o en las ideas de algún rabino. Más bien, tomaba la Palabra de Dios como la autoridad final. Vez tras vez nos lo encontramos diciendo: “Está escrito”. Usó esa expresión y otras semejantes tanto al enseñar a sus discípulos como al corregir ideas erróneas.

Cuando Jesús echó del templo de Jerusalén a los mercaderes, dijo: “Está escrito: ‘Mi casa será llamada casa de oración’, pero ustedes la hacen cueva de salteadores” (Mateo 21:12, 13; Isaías 56:7; Jeremías 7:11). Tras esa valerosa acción, realizó muchos milagros allí. Los niños que los vieron quedaron tan impresionados que se pusieron a alabarlo. Sin embargo, los líderes religiosos le preguntaron con indignación si estaba escuchando lo que los niños decían. Les respondió: “Sí. ¿Nunca leyeron esto: ‘De la boca de los pequeñuelos y de los lactantes has proporcionado alabanza’?” (Mateo 21:16; Salmo 8:2). Jesús quería que ellos supieran que la Palabra de Dios aprobaba lo que los muchachitos estaban haciendo.

Más tarde, los guías religiosos se reunieron en el templo para confrontar a Jesús y preguntarle: “¿Con qué autoridad haces estas cosas?” (Mateo 21:23). Él dejó muy claro el origen de su autoridad. No era un innovador que estuviera exponiendo nuevas doctrinas. Se limitaba a aplicar lo que decía la Palabra inspirada de Dios. En realidad, eran los sacerdotes y escribas quienes estaban mostrando gran falta de respeto a Jehová y su Palabra. Tenían bien merecido que Jesús los censurara y denunciara sus malas intenciones (Mateo 21:23-46).

Al igual que Jesús, los verdaderos cristianos nos apoyamos en la Palabra de Dios al realizar nuestro ministerio. En todo el mundo se nos conoce por el entusiasmo con que difundimos el mensaje bíblico. (2 Timoteo 3:16). ¡Qué alegría nos da cuando nos dejan leer algunos versículos y mostrar el valor y el significado que tiene la Palabra de Dios! Aunque no tenemos la memoria perfecta de Jesús, contamos con muchas ayudas que no existían en su época, diccionarios , comentarios , incluso ayudas en los idiomas originales, podemos decir esta escrito! de esa forma imitamos a JESUS nuestro Maestro.

 

Por LA BIBLIA
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LA MALA AMIGA DE LA BIBLIA

                                          El fracaso de la religión

Otra razón por la cual se acepta la evolución es el fracaso de la religión convencional tanto en cuanto a lo que enseña como en cuanto a lo que hace, así como el hecho de que no representa debidamente el relato bíblico de la creación. Las personas informadas están bien al tanto del registro religioso de hipocresía, opresión e inquisiciones. Han observado que el clero ha dado apoyo a dictadores asesinos. Saben que personas de la misma religión se han matado unas a otras por millones en las guerras, mientras el clero ha apoyado a cada lado de la contienda. Por eso, no hallan razón para tomar en consideración al Dios a quien estas religiones supuestamente representan. Además, las doctrinas absurdas y antibíblicas contribuyen a este alejamiento. Ideas como las del tormento eterno —que Dios ha de asar para siempre en un infierno de fuego literal a la gente— son repugnantes a las personas que razonan.

Sin embargo, tales enseñanzas y acciones religiosas no solo repugnan a las personas razonantes, sino que, según lo que la Biblia indica, también repugnan a Dios. Ciertamente la Biblia denuncia con franqueza la hipocresía de ciertos líderes religiosos. Por ejemplo, dice de ellos: “Ustedes también, por fuera realmente, parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de desafuero” (Mateo 23:28). Jesús dijo a la gente común que el clero de ellos estaba compuesto de “guías ciegos” que enseñaban, no lo que viene de Dios, sino mandatos contrarios, “mandatos de hombres como doctrinas” (Mateo 15:9, 14). De manera parecida, la Biblia condena a los religiosos que “declaran públicamente que conocen a Dios, pero [que] por sus obras lo repudian” (Tito 1:16). Así, a pesar de lo que afirman, las religiones que han promovido o aprobado tácitamente la hipocresía y el derramamiento de sangre no provienen de Dios, ni lo representan. En vez de eso, a tales sistemas se les llama “falsos profetas”, y se les compara con árboles que producen “fruto inservible”. (Mateo 7:15-20; Juan 8:44; 13:35; 1 Juan 3:10-12.)

Además, muchas religiones han capitulado en lo que se refiere a la evolución, y así han dejado sin alternativa a sus seguidores. Por ejemplo, la New Catholic Encyclopedia declara: “La evolución general, hasta del cuerpo del hombre, parece ser el más probable relato científico de los orígenes”13. En una reunión en el Vaticano, 12 doctos que representaban al más encumbrado cuerpo científico de la Iglesia Católica concordaron en esta conclusión: “Estamos convencidos de que cantidades masivas de prueba ponen más allá de disputa seria la aplicación del concepto de la evolución al hombre y a otros primates”14. Con tal apoyo religioso, ¿es probable que miembros no informados de tal iglesia opongan resistencia, aunque en realidad “cantidades masivas de prueba” no apoyan la evolución, sino, al contrario, realmente apoyan la creación?

El vacío que esto crea suele ser llenado por el agnosticismo y el ateísmo. La gente, al dejar de creer en Dios, acepta la evolución como la alternativa. Hoy día, en varios países el ateísmo basado en la evolución es hasta la política oficial del Estado. Por mucha de esta descreencia se puede responsabilizar a las religiones de este mundo.

A lo dicho se puede añadir que algunas doctrinas religiosas hacen que la gente crea que la Biblia enseña cosas que contradicen la realidad científica, y por eso la gente rechaza al Dios de la Biblia. Por ejemplo, como ya se señaló en un capítulo anterior, hay quienes alegan, erróneamente, que la Biblia enseña que la Tierra fue creada en seis días literales de 24 horas, y que solo tiene 6.000 años de existencia. Pero la Biblia no enseña estas cosas.

‘Ver es creer’

Hay personas que sinceramente rechazan el concepto de un Creador porque piensan que, como se ha dicho, ‘ver es creer’. Si algo no puede ser visto ni medido de alguna manera, entonces esas personas quizás piensen que no existe. Es verdad que en la vida diaria reconocen la existencia de muchas cosas que no pueden ser vistas, como la electricidad, el magnetismo, las ondas de radio o televisión, y la fuerza de gravedad. Sin embargo, esto no altera su punto de vista, porque todas estas cosas todavía pueden ser medidas o percibidas por otros medios físicos. Pero no hay manera física de ver ni medir a un Creador, o Dios.

No obstante, como hemos visto en capítulos anteriores, hay razón sólida para creer que un Creador invisible sí existe, porque podemos observar la prueba, los resultados físicos de su actividad. Notamos esto en la perfección y complejidad técnicas de la estructura atómica, en el universo magníficamente organizado, en el singular planeta Tierra, en los asombrosos diseños de los organismos vivos, y en el imponente cerebro humano. Estos son efectos que tienen que haber tenido una causa adecuada que dé cuenta de su existencia. Hasta los materialistas aceptan esta ley de causa y efecto en todos los demás asuntos. ¿Por qué no aceptarla también en cuanto al universo físico mismo?

Sobre este punto, nada es más diáfano que el argumento sencillo de la Biblia: “Desde que el mundo es mundo, lo invisible de [el Creador], es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras” (Romanos 1:20, Nueva Biblia Española). En otras palabras, la Biblia razona de efecto a causa. La creación visible, “sus obras” imponentes, son un efecto patente que tiene que haber tenido una causa inteligente. Esa causa invisible es Dios. Además, como Hacedor de todo el universo, el Creador indudablemente posee poder tan enorme que los humanos de carne y sangre no deberían esperar ver a Dios y sobrevivir. Como la Biblia comenta: “Ningún hombre puede ver [a Dios] y sin embargo vivir”. (Éxodo 33:20.)

Otra razón de importancia por la cual no creen

Hay otra razón de importancia por la cual muchas personas dejan de creer en Dios y aceptan la evolución. Esa razón es el mucho sufrimiento que existe. Por siglos ha habido muchísima injusticia, opresión, crimen, guerra, enfermedades y muerte. Muchas personas no entienden por qué le han sobrevenido todas estas penalidades a la familia humana. Les parece que un Creador todopoderoso no habría permitido tales cosas. Puesto que estas condiciones sí existen, esas personas piensan que Dios no pudiera existir. Así, cuando se les presenta la evolución, la aceptan como la única alternativa, muchas veces sin efectuar mucha investigación.

Entonces, ¿por qué permitiría tanto sufrimiento un Creador todopoderoso? ¿Será para siempre así? Entender la respuesta a este problema permitirá que uno, en cambio, comprenda la razón más profunda, oculta a la vista, de por qué la teoría de la evolución se ha generalizado tanto en nuestro tiempo.

 

 

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