Texto Libre

Thursday 26 november 4 26 /11 /Nov 19:06
“El Dios de todo consuelo”
2 Corintios 1:3, 4
LA VIDA tiene tantos momentos de dolor, decepción y soledad, que podemos sumirnos fácilmente en la tristeza e incluso la desesperación. En tales situaciones quizás nos preguntemos si habrá alguien que nos tienda una mano. Pues bien, en 2 Corintios 1:3, 4, el apóstol Pablo menciona una fuente de consuelo que nunca falla: nuestro Dios, Nuestro Padre Celestial
En el versículo 3 se habla de él como “el Padre de tiernas misericordias”. ¿Qué da a entender esta designación? La expresión “de tiernas misericordias” corresponde a una sola palabra griega que alude a la compasión ante los sufrimientos ajenos. Por eso, algunos especialistas señalan que se podría transmitir bien la idea con la expresión “el Padre que se apiada” o “el Padre que se preocupa mucho”. Y estas “tiernas misericordias” no se quedan en simples sentimientos, sino que impulsan a Dios a actuar. Sin duda, este aspecto de su personalidad nos anima a acercarnos más a él, ¿no es cierto?
Pablo también presenta a Dios como “el Dios de todo consuelo”. Según un biblista, el término griego traducido “consuelo” se refiere al hecho de “reconfortar a quien se encuentra en aprietos o está triste, y también animarlo o ayudarlo”. Otra autoridad señala: “Dar consuelo a quien sufre es darle aliento para sobrellevar su dolor” (The Interpreter’s Bible).
Pero quizás nos preguntemos: “¿Cómo nos reconforta Dios? ¿Cómo nos da aliento para sobrellevar el dolor?”. Principalmente, dándonos su Palabra, la Biblia, y la oportunidad de orarle. En efecto, Pablo explica que Dios nos proporciona su Palabra “para que [...] mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza”. Y además muestra que uno de los beneficios de orar con sinceridad es disfrutar de “la paz de Dios que supera a todo pensamiento” (Romanos 15:4; Filipenses 4:7).
¿En qué casos puede reconfortarnos ? Pablo indica que “nos consuela en toda nuestra tribulación” (2 Corintios 1:4). Por eso, sin importar las presiones, aflicciones o sufrimientos que padezcamos, Dios nos brindará el valor y la fortaleza que necesitemos para soportarlos. ¡Y cuánto nos tranquiliza saberlo!
Pero nosotros no somos los únicos beneficiados. Como Pablo indica, Dios nos consuela con un objetivo adicional: “para que [...] podamos consolar a los que se hallan en cualquier clase de tribulación mediante el consuelo con que nosotros mismos estamos siendo consolados”. Ciertamente, el consuelo de Dios nos mueve a compadecernos de los demás y ofrecerles nuestro apoyo.
En su carta a los Corintios, el apóstol Pablo mencionó otros factores que pueden ayudar al cristiano a aguantar la tribulación. Escribió: “Bendito sea el Dios [...] de todo consuelo, que nos consuela en toda nuestra tribulación, para que nosotros podamos consolar a los que se hallan en cualquier clase de tribulación mediante el consuelo con que nosotros mismos estamos siendo consolados por Dios. [...] Ahora bien, sea que estemos en tribulación, es para el consuelo y salvación de ustedes; o sea que se nos esté consolando, es para su consuelo, el cual opera para hacerles aguantar los mismos sufrimientos que nosotros también sufrimos”. (2Co 1:3-6.) Las preciosas promesas de Dios, la ayuda de su espíritu santo y el que Él responda las oraciones de aquellos que experimentan tribulación representan una fuente de consuelo para los cristianos. Sobre la base de su propia experiencia, los cristianos pueden estimular y consolar a otros, pues su ejemplo de fidelidad y expresiones de convicción inspiran a los demás a permanecer fieles también.El saber que no estamos solo, eso nos ayuda enfrentar las pruebas,tribulaciones,enfermedades y cargas pesadas que pone este mundo, no importa cual es el problema contamos con su ayuda
No hay duda: Nuestro Padre Celestial es “el Dios de todo consuelo”. Sin embargo, no podemos esperar que hoy mismo elimine todas nuestras penas y dificultades. Pero sí podemos contar con que nos reconfortará y dará fuerzas para sobrellevarlas. ¡Qué Dios tan compasivo! Sin duda, merece toda la honra y alabanza.

Por LA BIBLIA
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LA MALA AMIGA DE LA BIBLIA

                                          El fracaso de la religión

Otra razón por la cual se acepta la evolución es el fracaso de la religión convencional tanto en cuanto a lo que enseña como en cuanto a lo que hace, así como el hecho de que no representa debidamente el relato bíblico de la creación. Las personas informadas están bien al tanto del registro religioso de hipocresía, opresión e inquisiciones. Han observado que el clero ha dado apoyo a dictadores asesinos. Saben que personas de la misma religión se han matado unas a otras por millones en las guerras, mientras el clero ha apoyado a cada lado de la contienda. Por eso, no hallan razón para tomar en consideración al Dios a quien estas religiones supuestamente representan. Además, las doctrinas absurdas y antibíblicas contribuyen a este alejamiento. Ideas como las del tormento eterno —que Dios ha de asar para siempre en un infierno de fuego literal a la gente— son repugnantes a las personas que razonan.

Sin embargo, tales enseñanzas y acciones religiosas no solo repugnan a las personas razonantes, sino que, según lo que la Biblia indica, también repugnan a Dios. Ciertamente la Biblia denuncia con franqueza la hipocresía de ciertos líderes religiosos. Por ejemplo, dice de ellos: “Ustedes también, por fuera realmente, parecen justos a los hombres, pero por dentro están llenos de hipocresía y de desafuero” (Mateo 23:28). Jesús dijo a la gente común que el clero de ellos estaba compuesto de “guías ciegos” que enseñaban, no lo que viene de Dios, sino mandatos contrarios, “mandatos de hombres como doctrinas” (Mateo 15:9, 14). De manera parecida, la Biblia condena a los religiosos que “declaran públicamente que conocen a Dios, pero [que] por sus obras lo repudian” (Tito 1:16). Así, a pesar de lo que afirman, las religiones que han promovido o aprobado tácitamente la hipocresía y el derramamiento de sangre no provienen de Dios, ni lo representan. En vez de eso, a tales sistemas se les llama “falsos profetas”, y se les compara con árboles que producen “fruto inservible”. (Mateo 7:15-20; Juan 8:44; 13:35; 1 Juan 3:10-12.)

Además, muchas religiones han capitulado en lo que se refiere a la evolución, y así han dejado sin alternativa a sus seguidores. Por ejemplo, la New Catholic Encyclopedia declara: “La evolución general, hasta del cuerpo del hombre, parece ser el más probable relato científico de los orígenes”13. En una reunión en el Vaticano, 12 doctos que representaban al más encumbrado cuerpo científico de la Iglesia Católica concordaron en esta conclusión: “Estamos convencidos de que cantidades masivas de prueba ponen más allá de disputa seria la aplicación del concepto de la evolución al hombre y a otros primates”14. Con tal apoyo religioso, ¿es probable que miembros no informados de tal iglesia opongan resistencia, aunque en realidad “cantidades masivas de prueba” no apoyan la evolución, sino, al contrario, realmente apoyan la creación?

El vacío que esto crea suele ser llenado por el agnosticismo y el ateísmo. La gente, al dejar de creer en Dios, acepta la evolución como la alternativa. Hoy día, en varios países el ateísmo basado en la evolución es hasta la política oficial del Estado. Por mucha de esta descreencia se puede responsabilizar a las religiones de este mundo.

A lo dicho se puede añadir que algunas doctrinas religiosas hacen que la gente crea que la Biblia enseña cosas que contradicen la realidad científica, y por eso la gente rechaza al Dios de la Biblia. Por ejemplo, como ya se señaló en un capítulo anterior, hay quienes alegan, erróneamente, que la Biblia enseña que la Tierra fue creada en seis días literales de 24 horas, y que solo tiene 6.000 años de existencia. Pero la Biblia no enseña estas cosas.

‘Ver es creer’

Hay personas que sinceramente rechazan el concepto de un Creador porque piensan que, como se ha dicho, ‘ver es creer’. Si algo no puede ser visto ni medido de alguna manera, entonces esas personas quizás piensen que no existe. Es verdad que en la vida diaria reconocen la existencia de muchas cosas que no pueden ser vistas, como la electricidad, el magnetismo, las ondas de radio o televisión, y la fuerza de gravedad. Sin embargo, esto no altera su punto de vista, porque todas estas cosas todavía pueden ser medidas o percibidas por otros medios físicos. Pero no hay manera física de ver ni medir a un Creador, o Dios.

No obstante, como hemos visto en capítulos anteriores, hay razón sólida para creer que un Creador invisible sí existe, porque podemos observar la prueba, los resultados físicos de su actividad. Notamos esto en la perfección y complejidad técnicas de la estructura atómica, en el universo magníficamente organizado, en el singular planeta Tierra, en los asombrosos diseños de los organismos vivos, y en el imponente cerebro humano. Estos son efectos que tienen que haber tenido una causa adecuada que dé cuenta de su existencia. Hasta los materialistas aceptan esta ley de causa y efecto en todos los demás asuntos. ¿Por qué no aceptarla también en cuanto al universo físico mismo?

Sobre este punto, nada es más diáfano que el argumento sencillo de la Biblia: “Desde que el mundo es mundo, lo invisible de [el Creador], es decir, su eterno poder y su divinidad, resulta visible para el que reflexiona sobre sus obras” (Romanos 1:20, Nueva Biblia Española). En otras palabras, la Biblia razona de efecto a causa. La creación visible, “sus obras” imponentes, son un efecto patente que tiene que haber tenido una causa inteligente. Esa causa invisible es Dios. Además, como Hacedor de todo el universo, el Creador indudablemente posee poder tan enorme que los humanos de carne y sangre no deberían esperar ver a Dios y sobrevivir. Como la Biblia comenta: “Ningún hombre puede ver [a Dios] y sin embargo vivir”. (Éxodo 33:20.)

Otra razón de importancia por la cual no creen

Hay otra razón de importancia por la cual muchas personas dejan de creer en Dios y aceptan la evolución. Esa razón es el mucho sufrimiento que existe. Por siglos ha habido muchísima injusticia, opresión, crimen, guerra, enfermedades y muerte. Muchas personas no entienden por qué le han sobrevenido todas estas penalidades a la familia humana. Les parece que un Creador todopoderoso no habría permitido tales cosas. Puesto que estas condiciones sí existen, esas personas piensan que Dios no pudiera existir. Así, cuando se les presenta la evolución, la aceptan como la única alternativa, muchas veces sin efectuar mucha investigación.

Entonces, ¿por qué permitiría tanto sufrimiento un Creador todopoderoso? ¿Será para siempre así? Entender la respuesta a este problema permitirá que uno, en cambio, comprenda la razón más profunda, oculta a la vista, de por qué la teoría de la evolución se ha generalizado tanto en nuestro tiempo.

 

 

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